PARA PODER LLEGAR A ENTENDER MUCHAS DE LAS COSAS QUE AHY AQUI, HAY QUE MIRARLAS CON LOS OJOS DEL "CORAZON".

.

.

..

.

lunes, junio 24, 2013

GIBRÁN KHALIL GIBRÁN - EL PRECURSOR


GIBRÁN KHALIL GIBRÁN


EL PRECURSOR
(1920)

EL PRECURSOR


Tú eres el precursor de ti mismo, amigo mío, y las torres y ciudadelas erigidas en tu vida no son más que cimiento para la esencia soberbia que a su vez será cimiento para la otra.
Yo soy como tú, precursor de mí mismo, porque la sombra desplegada ante mí, a la salida del sol, eclipasará bajo mis pies al mediodía. Amanecerá nuevamente y otra sombra se bosquejará; también ésta se esfumará, otra vez, bajo mis pies, al otro día.
Somos desde el principio precursores de nosotros mismos, y así seremos hasta la eternidad. Todo lo que acumulamos en nuestra vida no es más que una semilla que preparamos para un erial. Somos el erial y los sembradores; somos la fruta y los cosechadores.
Cuando eras, amigo mío, un pensamiento perdido en la tiniebla, yo era, como tú, otro pensamiento extraviado. Te llamé y acudiste a mi llamado. De nuestros afanes nacieron los sueños. Los sueños eran tiempo sin cadena, y los tiempos fueron espacio sin fin.
Eras una palabra muda entre los temblorosos labios de la vida; también era yo, como tú, otra palabra muda, y no bien nos pronunció la vida cuando asomamos al mundo con cora zones vibrantes por el recuerdo del pasado y con el afán para el mañana. Y el pasado no es más que la muerte expulsada; y el mañana es el nacimiento buscado.
Ahora estamos en manos de Dios. Tú eres un sol radiante en su derecha y yo una tierra iluminada en su izquierda. Tu po­der en la iluminación no es superior al mío en reflejar tu luz.
Y nosotros no somos el sol ni la tierra sino el comienzo de un sol más grande y de una tierra más gigantesca. Así seremos hasta el fin de los siglos.
Tú eres el predecesor de ti mismo, ¡oh, extraño!, tú, que franqueas el umbral de mi jardín; yo soy, como tú, precursor de mí mismo, no obstante vivir bajo la sombra de mis árboles, reposado y tranquilo.

EL AMOR

Se cuenta que el zorro bebe junto al león de una misma fuente. Y se dice que el águila y el milano devoran juntos la carroña sin disputas y en total armonía.
¡Oh, justo amor! Tú que has refrenado el capricho de mis pasiones con poderosa mano, y has convertido mi hambre y mi sed en altivez y magnanimidad, no permitas al fuerte soberbio que habita en mí comer el pan ni beber el vino que cautivan mi débil ser. Hazme recordar mejor y habré muerto de hambre. Deja mi corazón inflamarse de sed. Será mejor morir y extinguirse que tomar en la mano una copa que tú no has llenado, ni un vaso de licor que tú no has bendecido.

LAS CUATRO RANAS

El saber y el medio saber

Estaban cuatro ranas sentadas sobre _un grueso tronco de leña que flotaba a la orilla de un anchuroso río. Una ola fu­riosa arrastró al tronco hasta la mitad del río, donde la corriente lo condujo con el curso del agua. Alborozáronse las ranas por el encanto de su expedición y comenzaron a saltar sobre el tronco porque jamás se vieron navegar mar adentro. Pasado un momento de silencio la primera rana gritó:
- ¡Qué tronco más curioso y extraño! Mirad, compañe­ras, cómo viaja igual que los seres vivientes. Jamás he visto ni oído hablar de cosa tan parecida.
La segunda rana : -Este tronco no camina, se mueve, amiga mía; y tampoco es extraño y curioso como te lo has imaginado. Las aguas del río que corren de por sí hacia el mar conducen con ellas a este tronco que a su vez nos con­duce con él.
La tercera rana: -No, por mi vida, compañeras, os equi­vocáis. Es una divagación la vuestra. Ni el río se mueve, ni el tronco. Es nuestro pensamiento el que se mueve dentro de nosotros y él es quien nos conduce a creer en el movimiento de los cuerpos inmóviles.
Discutieron largamente las tres ranas sobre qué era lo que se movía en realidad, llenando la quietud del río con sus gritos y su perturbador croar.
Como no llegaron a ningún acuerdo, pidieron la opinión de la cuarta rana. Esta, que hasta entonces no había dicho esta boca -es mía, sino que las escuchaba con atención, habló de la siguiente manera:
-Todas vosotras habéis tenido razón, compañeras, y ninguna se ha equivocado en sus razones. El movimiento está en el río tanto como en el tronco, como en nuestro pensa­miento al mismo tiempo.
Este fallo conformó a las tres ranas en disputa, porque cada una quería tener la razón.
Cuéntase que lo que sucedió después del fallo de la cuarta rana fue cosa curiosa en el reino. Las tres ranas hicieron la paz entre ellas y en un conciliábulo ejecutivo resolvieron echar a la cuarta rana al río.
Y la arrojaron al agua.

LOS OTROS MARES

Cierto día dijo un pez a otro:
-Por encima de nuestro mar existe otro. En ese mar hay diversos seres vivientes que viven como nadamos y vivimos nosotros aquí.
-Son fantasías tuyas -le contestó el otro pez-. ¿No sabes, hermano mío, que cada ser viviente que deja nuestro mar un momento moriría? ¿Cuál es entonces la prueba de la existencia de otros seres vivientes en otros mares?

EL ARREPENTIMIENTO

En una noche oscura entró un hombre a la quinta de un vecino, robó el melón más grande que encontró a manó y se lo llevó a su casa. Después de partirlo, lo halló verde. Enton­ces la conciencia le aguijoneó y llenó de reproches.
Y el ladrón se arrepintió de haber robado el melón a su vecino.

LA ESENCIA SUPREMA

Y sucedió que después de la ceremonia de la coronación de Nufsibaal, el rey de Yubail, éste se dirigió a su gabinete. Era una alcoba privada que los adivinos del Líbano construyeron para él. Hallándose solo, se detuvo en medio de su gabinete pensando en el poder ilimitado que poseía como rey de una comarca que otrora era un vasto imperio.
Había allí un espejo que ostentaba un artístico marco de plata, regalo de su madre. Y mientras se quitaba la corona y la púrpura vio con gran, asombro que del espejo salía un hombre desnudo y se adelantaba hacia él. Aterrorizado, el rey gritó:
-Hombre, ¿qué quieres de mí?
-Una sola cosa quiero de tí. Dime, ¿por qué te han coronado rey de Yubail?
-Me coronaron porque soy el hombre más noble de entre ellos.
- ¡Por Dios! Si fueras más noble de lo que eres, no hubie­ras aceptado el reino.
-Me coronaron porque soy el más caballero y más fuerte de entre ellos.
-Si es cierto que eres el más caballero y más fuerte de todos ellos no deberías haber aceptado el ser su rey.
-Mi pueblo me coronó porque soy el más sabio que hay entre él.
-No, por Dios; si hubieras sido más sabio de lo que eres ahora, no habrías admitido que te eligieran rey de Yubail. Cuenta la leyenda que ante las palabras del hombre des­nudo que salió del espejo cayó el rey de bruces y luego pro­rrumpió en llanto.
El hombre desnudo lo miraba con compasión y ter­nura; se sentía triste ante la estupidez e idiotez del rey. Tomó luego la corona que había rodado por el suelo y la colocó nuevamente sobre la humillada cabeza del Rey y volvió a entrar en el espejo, tal como había salido, mirando a Nufsibaal dulce y cariñosamente.
Al despertarse, el rey miró al espejo y no vio allí más que a su propia persona con la corona puesta en la cabeza.

LOS CRITICOS

Viajaba, cierta noche, un caballero montañés hacia la costa del mar. Llegaba a un lugar cercano de la costa, donde se levantaba una posada. Se apeó y ató el caballo a un árbol, frente a la puerta, porque tal como todos los montañeses, tenía confianza en la noche y en los hombres, y luego entró con los demás.
Cuándo se hubieron dormido todos los habitantes de la venta, y mientras se hallaban entregados al sueño, llegó.un ladrón y robó el caballo de nuestro viajero. Al día siguiente al despertar, el caballero montañés se dirigió al lugar donde había dejado el caballo. El animal no estaba y en vano lo buscó en todos aquellos lugares. Se afligió el viajero tanto por la pérdida, como por la amarga realidad de haber entre los hombres alguno que le probara a su conciencia robando. Cuando los demás compañeros del viajero supieron la nueva, le rodearon y comenzaron a cubrirlo de reproches:
- ¡Qué necio eres! ¿Por qué has atado tu caballo fuera del establo?
-Mucho me extraña que no haya puesto las argollas de hierro en las patas de tu bruto. ¡Qué ignorante eres!
-Viajar a caballo hacia las costas es una estupidez, amigo mío.
-Yo creo que nadie viaja en nuestra época a caballo, más que los lerdos y los pesados.
Esas razones elocuentes y la prédica de los viajeros asombraron al montañés, que encolerizado, les replicó:
-Amigos míos: os surgió la elocuencia espontánea­mente al enteraros del robo de mi caballo. Según vosotros, soy un necio porque confié en los hombres y en la noche. Me habéis enumerado mis errores, pero lo que más me asombra de tanta elocuencia vuestra es que ninguno de vosotros dijo una sola palabra del ladrón que robó mi ca­ballo.

EL MORIBUNDO Y EL MILANO

¡Detente, príncipe del aire!, detente un momento más y habré dejado todo este resto consumido. ¡Ah, cómo te impacienta mi agonía! Yo no quisiera hacerte sufrir de hambre al hacerte esperar unos minutos más; pero esas ca­denas, aunque fueron de hálitos débiles, son difíciles de romper. Mi amor a la muerte, el más lejano de mis deseos, está atado con las cadenas de mis deseos por la vida, que es lo que más amo.
Perdón, hijo del firmamento, me voy de este mundo, pero lentamente. Es el recuerdo que se apodera de mi alma para devolverle las reminiscencias pasadas y colocar frente a ella la comitiva de los días consumados de mi vida en la agonía, y dejarla contemplar la juventud que pasó en un sueño; el recuerdo que presenta ante mí un rostro que suplica no cerrar los párpados y devolver a mis oídos una voz amada cuyo eco aún suena en mi alma; es el recuerdo que deja tocar mi frente una mano de rosas y que yo no veo.
Perdón, compañero. Mucho has esperado; ya se acercó la hora tocando a su fin. Todo es vano en esta vida, todo es pasajero: el rostro, los ojos, la mano y la neblina que los envolvía. Ya se ha desatado el nudo; ya se ha roto la soga y aquello que no 'es para comerse ni beberse ya me abandona y se va.
Adelante compañero; acércate, ave hambrienta. Ya se ha alistado el banquete; pero el manjar es frugal, es humilde. Te lo presento voluntariamente. Ven y hunde tu pico en mi costado izquierdo. Desgárralo y arranca de los barrotes de su jaula este pequeño pájaro que dejó de aletear.
Tómalo y llévalo al infinito. Es el mejor tesoro que tuve sobre la tierra.
Ven, Príncipe del Aire; ven, amigo mío, eres ahora mi huésped. Yo te doy la bienvenida. Bienvenido seas.

LA LEONA

Dormía sobre su trono la reina de la selva, y en su regazo acurrucábase una gata que maullaba en tanto que miraba con asco y desprecio a cuatro esclavos que abanicaban a la reina. Y en el silencio de aquel recinto se oyó este diálogo:
Esclavo primero (A sus compañeros):
- ¡Qué horrible está la hija del león en su sueño! Mirad como se han aflojado sus labios; oíd sus ronquidos, como si el diablo le apretara la garganta.
La gata: -Su horrible aspecto en sueños no se compara ni con una parte de la brutalidad de vuestra esclavitud.
Esclavo segundo: -Lo más raro es que el sueñb no ha dul­cificado los rasgos de su rostro. Al contrario, lo ha surcado de arrugas. Sin duda alguna está soñando algo terrible y sa­tánico.
La gata:            - ¡Ojalá durmierais vosotros para soñar en vuestra libertad!
Esclavo tercero: -Me parece ver que desfila en su sueño la comitiva de sus víctimas que tan despóticamente sacrificó.
La gata: -Sí, señores, ella ve, ve en su sueño, la comiti­va de vuestros abuelos y de vuestros nietos.
Esclavo cuarto: - ¡Imbéciles! Habláis de la reina mientras ella duerme. Decidme: ¿qué ganáis con este diálogo? ¿Atenuaríá, acaso, la tribulación de mi consigna o la fatiga que me produce abanicar?
La gata: -No, por cierto. Seguid abanicando hasta la eternidad, porque está escrito: "Tanto como en el cielo, así es en la tierra."
En aquel instante sé movió la reina en su sueño y cayó la corona de su cabeza, yendo a rodar por el suelo.
-Un mal augurio -dijo uño de los esclavos.
Entonces la gata contestó maullando: -Las desgracias de unos benefician a otros.
Esclavo segundo: -¿Qué sería de nosotros si se desper­tara de su sueño y hallara la corona tirada en el suelo? ¡Por Dios!, nos degollaría a todos.
La gata (maullando):-Os degollaba, necios, desde vuestro nacimiento, y vosotros ignorabais esto...
Esclavo tercero:-Sin duda nos degollaría a todos, segura de que con sus actos adoraba a sus dioses.
En aquel momento el cuarto esclavo hizo callar a sus compañeros y, recogiendo sigilosamente la corona de la reina, la colocó nuevamente sobre su cabeza, sin despertarla. Ante la actitud del cuarto esclavo la gata maulló fuertemente:
-En verdad os digo que no recogen las coronas rodadas por el suelo más que los mismos esclavos.
A los pocos minutos de acabar el diálogo se despertó la reina y, mirando en derredor de sí, dijo, bostezando, a los esclavos:
-Creo haber visto en mis sueños cuatro reptiles persegui­dos por un escorpión, alrededor del tronco de una gigantesca encina. ¡Qué sueno más horrible! ¡Maldito sea!
Y cerrando sus ojos volvió a dormir por segunda vez, después de haber llenado la alcoba con sus ronquidos. Prosiguieron los esclavos con los abanicos y la gata epilo­gó aquel acto con el siguiente maullido:
-Seguid, seguid, ciegos esclavos; seguid abanicando a vuestra ama. Vosotros no abanicáis más que un fuego voraz que devorará vuestra vida.

EL SANTO

En la mocedad visité un santo anacoreta en su retiro de penitencia. Habitaba una celda levantada sobre una cumbre envuelta en silencio y bruma. En tanto que conversaba con él sobre temas de moral y virtud, apareció un ladrón que cami­naba fatigosamente sobre las colinas cercanas. Venía domina­do por la fatiga. Cuando llegó a la celda, entró y se arrojó a los pies del santo y dijo:
-Santo Varón, he venido a pedirte un consuelo, -pues mis pecados se han elevado sobre mi cabeza.
-Hijo mío -replicó el santo-, mis pecados también se alzan sobre mi cabeza.
-Soy ladrón y salteador. Es imposible que tú seas como yo.
-Te equivocas, hijo mío; la verdad te digo que soy, como tú, ladrón y salteador.
- ¡Por Dios, señor mío!, que no comprendo lo que me dices. ¡Soy un asesino, un criminal, y el grito de mis víctimas resuena en mis oídos!
-Soy también asesino y criminal, hijo mío, y en mis oídos aún suenan los gritos de muchas de mis víctimas. -Señor, he cometido muchos crímenes e innumerables delitos. ¿Cómo te igualas a mí, tú que eres un Santo Varón de Dios?
- ¡Si supieras de mis maldades y de mis pecados! Sí, hijo mío, si supieras, no me habrías mencionado los tuyos. Entonces se puso el ladrón de pie y mirando al Santo, larga y extrañadamente, se retiró de la celda sin proferir palabra.
Yo guardé silenció hasta tanto se retiró aquel personaje extraño, y en aquella circunstancia hablé así al Santo, pregun­tándole:
-¿Qué motivos te movieron, señor mío, para atribuirte maldades y pecados que no has cometido nunca? ¿No ves, Santo Varón, que ese hombre ha dejado de creer en tu santa misión y en tus prédicas?
-Sí, hijo mío -me contestó el Santo-; es verdad lo que dices. Este hombre dejó de creer en mi santa misión; pero la verdad te d~"go que se retiró con el corazón lleno de consuelo. En aquel momento oímos al ladrón cantar, desde lejos, mientras resonaba en las montañas su voz alegre y sonora.

EL REY ANACORETA

En una selva que se pierde en las montañas vivía un joven que en el pasado fue monarca, dueño de un vasto reino exten­dido en Ibro Al Bahrain. Dijéronme que este joven había abdicado voluntariamente a su corona para sustituirla por el desierto y la soledad.
Dije entre mí: "Iré hasta aquel hombre e intentaré saber los secretos de su corazón, porque aquel que abdica su corona por su propia voluntad es más grande que el mismo trono."
Aquel día emprendí camino hacia la selva, donde vivía el rey anacoreta.
Lo encontré sentado a la sombra de un álamo blanco, sosteniendo en su mano una caña, igual que aquel cetro suyo de antaño. Lo saludé como si saludara en él al mismo rey, y él me contestó el salam dulcemente, como un pastor. Y después de mirarme fijamente me interrogó con suavidad:
-¿Qué buscas en esta selva solitaria, amigo mío? ¿Habrás venido a buscar, a esta hora, una esencia extraviada entre el ramaje frondoso, o regresas a tu hogar al haber terminado tu labor?
-No vine a buscar -respondí- sino a ti; y sólo incitado por el deseo de saber cuál era el motivo por el cual has cambiado tu reino por este retiro miserable.
-Breve es mi historia -replicó-; reventaron súbitamente las burbujas de mi vanidad, y he aquí mi historia: Hallábame un día sentado frente a mi ventana, y vi que el visir se paseaba con un embajador extranjero en el jardín. Cuando hubie­ron llegado hasta cerca de mi ventana, oí al visir hablar así de sí mismo:
-Yo soy como el rey: escancio el vino añejo hasta la embriaguez; amo toda clase de juego y me encolerizo como mi rey.
"Se perdieron visir y embajador entre la arboleda, no tar­dando en volver a pasar por cerca de mi ventana. Y he aquí lo que hablaba de mí el visir:
"-El rey es como yo. Tira bien al blanco, gusta de la música y como yo se baña tres veces al día.
El rey anacoreta calló y luego prosiguió:
-Aquella noche abandoné mi palacio y salí sin más baga­jes que mi manto, porque no quise continuar siendo el rey de unos que se atribuyen mis vicios y me confieren sus virtudes.
- ¡Qué curiosa es tu historia y qué extraño es tu caso, señor! -le dije.
-No, amigo mío -me replicó-; no es tal. Yo llamé a la puerta de mi soledad pretendiendo de ella muy mucho y tan sólo muy poco he, obtenido de ella. Dime, por Dios, ¿quién no cambiaría su reino por una selva en la cual quepan todas las estaciones alegre y eternamente inquietas? Muchos son los que abandonaron sus tronos para sustituirlos por una vida sosegada y quieta; por una vida solitaria y feliz. ¡Cuántas águilas hay a l1í que han bajado de su cielo para vivir con los topos en sus cuevas silentes y, así, conocer mejor los secretos de la tierra! ¡Y cuán numerosos son los que renuncian al reino de sus sueños para no aparentar ante los demás que viven ellos distantes de aquellos cuyas almas están vacías de sueños! ¡Cuán numerosos son aquellos que renuncian al reino de la desnudez para cubrir la suya y para que así no se enro­jezcan los libres al contemplar la desnudez de la razón, de la verdad y de la belleza!
"Pero es más digno de todos aquel que abdica el reino de la tristeza para no vanagloriarse ante el mundo de sus aflic­ciones.
Y se levantó, apoyándose sobre su caña, para continuar diciéndome:
-Vuelve a la ciudad opulenta y detente en sus puertas y observa a todos los que salen y entran en ella; y preocúpate de encontrar al hombre que pretendió haber nacido rey y que está sin trono; y al hombre que creyó señorear con su cuerpo y que sólo domina con su espíritu, pero que él ignora esto, igual que sus vasallos; y al hombre que se presenta públicamente como dueño y señor y que en realidad no es más que un esclavo de sus esclavos.
Al terminar su perorata me miró y sobre sus labios asomó una sonrisa; creí ver en ellas mil amaneceres. Tomó su camino y desapareció en el corazón de la selva.
Yo volví a la ciudad opulenta y me detuve en sus puertas. Observaba a los transeúntes que salían y entraban en ella. ¡Ay! ¡Cuán numerosos fueron los vasallos sobre los cuales pasó mi sombra!

LA GUERRA Y LAS NACIONES PEQUEÑAS

Una oveja con su corderito pacía en un prado. Por encima de ellos se cernía un águila. La rapaz seguía al corderito con ojos encendidos de hambre y voracidad, Mientras giraba en torno del humilde corderillo aprestándose a hundir sus garras en su tierna carne, se presentó otra águila aguijoneada por igual hambre y ferocidad. Al hallarse ambos colegas frente a frente, riñeron hasta llenar el vacío con sus gritos y graznidos. En aquella circunstancia la oveja estupefacta miró a las dos águilas y dijo a su hijo:
-Mira, hijo mío, ¡qué extraña es la riña de esas nobles aves! ¿No es vergonzoso para los reyes del espacio disputar y reñir, teniendo todo el anchuroso cielo para buscar manuten­ción? Pero, ora, hijo mío, ora, mi niño en tu corazón a Dios implorando la paz para tus hermanos alados.
Y el corderito oró fervorosamente y de todo corazón.

EL REY DE ARDOSA

Se presentaron un día los ancianos de Ardosa ante el rey y le rogaron ordenar que prohibiera el alcoholismo en su ciudad.
No prestó el rey oído a su petición, sino que se rió de ellos y les dio las espaldas; y les dejó.
Los ancianos de Ardosa se retiraron poseídos de una verdadera desesperación. Al llegar a la puerta del palacio toparon con el visir del rey. Este ministro, que era muy diplomático, sagaz y ladino, viendo perturbados a los ancia­nos y jefes de la ciudad, se dio cabal idea de su asunto. Y les habló así:
-¡Oh, amigos míos! La suerte no os ha acompañado esta vez. Si vosotros hubierais venido en el momento de hallarse ebrio el rey, habríais conseguido todo lo que venís a pedirle.

EL AVE DE MI FE

De las profundidades de mi corazón voló un ave y se remontó en el espacio, y cada vez que más subía, su tamaño se aumentaba más y más. Comenzó con la forma de la mari­posa, luego tomó la de una paloma; más adelante el tamaño de un águila, hasta que semejó una nube de primavera, llenan­do así el cielo tachonado de estrellas.
De las profundidades de mi corazón voló .un ave y se remontó en el cielo, aumentando su tamaño a medida que subía, y siempre quedaba habitando la profundidad de mi corazón.
¡Oh, mi Fe, mi Sabiduría obstinada y fuerte! ¿Cómo llegar a alcanzar tu altura para ver, juntamente contigo, la esencia sublime del hombre grabada sobre la faz del cielo? ¿Cómo convertir este mar que está en lo más hondo de mi alma, en una densa neblina y vagar, junto a ti, en el espacio infinito?
¿Podrá ver el prisionero, en la penumbra del templo, sus cúpulas doradas? ¿Tendrá la semilla la fuerza para esparcirse y envolver la fruta que antes la envolvía recíprocamente? Sí, ¡oh, mi Fe clemente! Sí; yo vivo encadenado con cadenas de hierro en los antros oscuros de esta prisión sin fin. Me separan de ti estas barricadas hechas de carne y huesos, para no poder volar contigo en el mundo infinito. Empero, tú vuelas de mi corazón para cernirte en el anchuroso espacio, tanto, que siempre te encuentro habitando la profundidad de mi corazón dolorido.
Y con todo esto estoy resignado, conforme y confiado.

LA HOJA BLANCA

Dijo así, un día, una hoja blanca de papel:
-Me he formado blanca, nítida, inmaculada y pura, y así seré hasta la eternidad. Prefiero quemarme y volverme ceniza blanca antes de permitir que me mancille la negrura y me macule la suciedad.
Oyó un tintero aquellas razones y se rió en su negro cora­zón, pero no se atrevió a tocar a aquella hoja blanca de papel. Oyéronla también las plumas y tampoco la tocaron. Y así permaneció la hoja de papel blanca, nítida, cual la nieve,... pero vacía.

EL SERMON DE LA AZOTEA

(El último despertar)

Era la noche profunda y lóbrega. Soplaba, en la mitad de su carrera, un aura pura y apacible impregnada por los prime­ros suspiros del alba. En aquella hora se levantó El Precursor, que es el eco de la voz que aún no ha tocado oído alguno, y, abandonando la alcoba, subió a la azotea de su casa. Contem­pló largamente la ciudad acostada en brazos de la noche y luego irguió su cabeza, y, como si se viese rodeado por los espíritus despiertos de los hombres dormidos, abrió su boca y habló así:
-Hermanos y vecinos míos: vosotros que pasáis por mi casa todos los días, quiero hablaros e invocaros en vuestros sueños; quiero caminar desnudo y libre porque estando despiertos estáis más alelados que en vuestro sueño; porque vuestro oído está cargado de baraúndas; porque es sordo y débil.
Os he amado mucho, y más que mucho.
He amado a cada uno de vosotros como si fuerais todos vosotros.
He amado a todos vosotros como si fuerais uno solo.
Mi corazón era un 'campo fértil y floreciente en vuestro
amor; en su primavera yo =cantaba en vuestros jardines; en su estío cuidaba de vuestras parvas.
Sí, hermanos y vecinos míos. A todos vosotros he amado; a vuestro titán como a vuestro enano; a vuestro leproso como al más sano que hay entre vosotros.
He amado al que se deslizaba en las tinieblas buscando en la noche su camino, igual que al que trillaba sus días bailando sobre collados y montañas.
Amé al fuerte a pesar de vivir patentes en mis carnes las huellas de sus herraduras férreas.
Amé al débil no obstante haber agobiado mi fe y agotado mi paciencia.
Amé al rico, cuya miel se volvía cicuta en mi boca.
Amé al pobre que, sabiendo mi vergüenza, y conociendo mis necesidades y mis debilidades, me ha escarnecido.
Amé al poeta plagiador que hacía vibrar la cítara de su vecino tocándola con sus dedos ciegos. Lo amé generosamen­te, cortésmente.
Amé al sabio que consumía su vida jutando mortajas viejas en el campo del abominable alfarero.
Amé al sacerdote acurrucado en el silencio de su pasado, preguntando por el día de su mañana.
Amé al anacoreta que hacía de los espectros de su capri­cho unos dioses para la adoración.    
Amé al charlatán diciendo entre mí: "Le queda todavía mucho que decir a la vida."
Amé al mudo, porque pensaba: " ¡Ojalá pudiera hablar de su silencio!"
Amé al juez y al crítico, pero cuando me vieron crucifica­do dijeron: "Cuán suave emana la sangre de sus heridas y qué hermosas son las líneas que su sangre traza sobre su piel blanca."
Sí, hermanos y vecinos míos. Os he amado a todos voso­tros; a vuestro joven como a vuestro anciano. Amé a vuestra caña débil que temblaba al soplo de las brisas, igual que a vuestras gigantescas encinas. Pero ¡ay de mi! Mi corazón, que rebosaba por vuestro amor, ha endurecido el vuestro hacia mí, porque sois capaces de escanciar el vino del amor del fondo de las copas, pero jamás de tomarlo del río caudaloso. Y cuando habéis visto que yo os he amado igual, a todos igual, os habéis mofado de mí, diciendo: "Cuán débil es su corazón y apartada de su camino la sagacidad. Su amor es el de un mendigo hambriento que acostumbra recoger las miga­jas, aun sentado a las mesas de los reyes. Es el amor de un villano, servil, porque el hombre fuerte tan sólo ama a sus semejantes."
Y cuando habéis sabido que yo os amaba profundamen­te, desinteresadamente, hablasteis así: "El amor de este ser es el de un hombre extraño, sin gusto, que bebe el vinagre como si bebiera vino; es el amor de un intruso, hipócrita, porque ¿cuál es el hombre extraño que puede amarnos como nuestros padres y hermanos?
Estas son vuestras razones y otras tantas, porque cuántas veces me habéis indicado con vuestros dedos en las calles de la ciudad, diciendo burlescamente, unos a otros: "Mirad a este pequeño gran hombre que no le preocupan las estaciones ni los abriles ni los años. En el mediodía juega con nuestros niños y a la tarde acompaña a nuestros ancianos en sus reuniones simulando sabiduría.­
Entonces . dije: "No importa todo esto; yo los amaré más y más; pero esta vez cubriré mi amor con un velo de odio y mi cariño con un disfraz de hierro y no les seguiré sino ague­rrido."
Y me armé con mi desdén; puse mi mano pesada sobre vuestras heridas y contusiones y, al igual que una tempestad que sopla en plena noche, así he tronado en vuestros oídos y desde la azotea de mi casa os he llamado fariseos, traidores; burbujas de un mundo falso y vacío.
He maldecido a los miopes que hay entre vosotros cual murciélagos ciegos y, al igual que los topos sin alma, así he comparado a los que viven entre vosotros pegados a la tierra y al lodo.
Califiqué a vuestros hombres elocuentes y sabios de char­latanes e hijos de Babel; al hombre callado lo llamé duro de corazón y torpe de lengua; de vuestro hombre simple dije: "Los muertos no se aburren de la muerte.­
Y sentencié: "Que los que buscan en vosotros y en vuestros hijos la sabiduría humana son apóstatas, blasfemado­res contra el Espíritu Santo; a los atraídos por la fuerza espi­ritual extasiados por las investigaciones del más allá de la naturareza, los llamé pescadores de espectros que tiran sus redes en aguas mansas y que tan sólo pescan sus medrosas sombras."
Así he pregonado y publicado vuestras miserias en mis labios mientras mi corazón sangraba y os llamaba por los nombres más dulces.
Sí, hermanos y vecinos míos. El odio que así os ha hablado era guiado por su propio látigo; y el orgullo que ha bailado sobre vuestras miserias y cadáveres estaba lleno de polvo de la derrota y degollado por sus propios dolores.
Mi profundo dolor hacia vosotros, mi sed para amaros, se han rebelado sobre la azotea, mientras os imploraba el perdón de rodillas.
Pero he aquí el milagro, hermanos y vecinos míos; mi simulación os ha abierto los ojos .y mi odio ha despertado los corazones.
Vosotros no amáis más que las espadas que se hunden en vuestros corazones y sólo gustáis ver clavados los dardos en vuestros pechos.
Vosotros no os consoláis sino de vuestras heridas y no os embriagáis más que en vuestra sangre.
Y cual mariposas que aletean alrededor de la llama, buscando inocentemente la muerte, así os juntáis todos los días en mi jardín, y con cabezas erguidas y los ojos fijos en mí me seguís mientras yo desgarro con mis manos Tos teji­dos de vuestros días, en medio de vuestro cuchicheo, dicien­do entre vosotros: "El ve con la luz de Dios y habla con los profetas de aquellos tiempos. Descubre el velo de nuestras almas y destroza las cerraduras de nuestros corazones y cuál el águila que conoce los cubiles de los chacales, así El conoce nuestro camino."
Sí, por cierto, amigos míos. Yo conozco vuestro camino, pero a igual que el águila que conoce el nido de sus aguilu­chos.
Con todo placer os he descubierto mis secretos, pero para acercarme a vuestros corazones, simulo desdén y acrimo­nia; os finjo odio y aparento que os desprecio.
Y no bien terminó El Precursor su sermón, cuando cubrió su cara con su mano y rompió en llanto. Lloró amargamente porque comprendió que el amor desnudo que se rechaza es más sublime que el que canta gloria cubierto por la simula­ción y el fingimiento.
Y se avergonzó de sí mismo. Alzó súbitamente la cabeza y como si despertara de un sueño letárgico extendió sus brazos y miró con éxtasis el firmamento azul y dijo:
-Ya se ha desgarrado el manto de la noche y nosotros, los hijos de la noche, debemos morir cuando llegue el día caminando, sigilosamente, sosteniéndose sobre las lejanas colinas. De nuestras cenizas surgirá un amor más profundo y fuerte que el nuestro y se reirá en la cara del sol y se llamará AMOR ETERNO.


jueves, enero 03, 2013

Mapas mundiales en alta resolución

KABYTES



En innumerables proyectos se presenta el caso de que necesitemos un mapa mundial ya sea como decoración, para mostrar las sedes de la empresa a la cual le estamos diseñando el sitio o marcando algún tipo de estadísiticas. Éstos son tan solo unos ejemplos de la numerosa cantidad de proyectos en los cuales podriamos necesitarlos, además del simple gusto si es que nos atraen y queremos personalizarlos para aplicar en nuestros sitios o como fondo de pantalla.
Mapas mundiales en alta resolución
En la imagen vemos solo algunos de los once mapas mundiales en alta resolución que podemos conseguir descargando este genial set. El mismo incluye las imágenes en medidas más que cómodas para poder trabajarlas sin problemas y diseños oscuros, claros, modernos, llenos de color o bien simples. Como verán, hay para todos los gustos y necesidades.
High-Res Wolrd Maps – Descargar en Freebies Gallery

Si buscas en la pagina de descarga, podras encontrar de todo, desde mas imagenes en alta resolucion, con varios temas, gatches, template,contadores,temas diversos, ...

domingo, diciembre 30, 2012

Poesía --- San Juan de la Cruz



Poesía
San Juan de la Cruz





Cántico espiritual
Canciones entre el Alma y el esposo


1      
Esposa      
                                  ¿Adónde te escondiste        
Amado, y me dexaste con gemido?
  Como el ciervo huyste
  aviéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ydo. 5
 
2      
  Pastores, los que fuerdes
allá por las majadas al otero,
  si por ventura vierdes
  aquél que yo más quiero,
dezilde, que adolezco, peno, y muero. 10
 
3      
  Buscando mis amores
yré por essos montes, y riberas;
  ni cogeré las flores;
  ni temeré las fieras;
y passaré los fuertes, y fronteras. 15
 
4      
  ¡O bosques y espesuras
plantadas por la mano del Amado!
  ¡o prado de verduras,
  de flores esmaltado!
dezid si por vosotros a passado. 20
 
5      
  Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura;
  y yéndolos mirando
  con sola su figura
vestidos los dexó de hermosura. 25
 
6      
  ¡Ay!, ¿quién podrá sanarme?
Acaba de entregarte ya de vero:
  no quieras embiarme
  de oy más ya mensajero,
que no saben dezirme lo que quiero. 30
 
7      
  Y todos quantos vagan
de ti me van mil gracias refiriendo;
  y todos más me llagan,
  y déxanme muriendo,
un no sé qué que quedan balbuziendo. 35
 
8      
  Mas ¿cómo perseveras,
¡o vida! no viviendo donde vives?
  ¿Y haziendo por que mueras
  las flechas, que recives
de lo que del Amado en ti concibes? 40
 
9      
  ¿Por qué, pues as llagado
aqueste coraçón, no le sanaste?
  Y pues me le as robado,
  ¿por qué assí le dexaste,
y no tomas el robo, que robaste? 45
 
10      
  Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshazellos.
  Y véante mis ojos,
  pues eres lumbre dellos;
y sólo para ti quiero tenellos. 50
 
11      
  Descubre tu presencia,
y máteme tu vista y hermosura;
  mira que la dolencia
  de amor, que no se cura
sino con la presencia, y la figura. 55
 
12      
  ¡O christalina fuente
si en esos tus semblantes plateados
  formases de repente
  los ojos deseados
que tengo en mis entrañas dibuxados! 60
 
13      
  Apártalos Amado,
que voy de buelo.
Esposo
                           Buélvete paloma,
  que el ciervo vulnerado
  por el otero asoma
al ayre de tu buelo, y fresco toma. 65
 
14      
  Mi Amado las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
  las ínsulas estrañas,
  los ríos sonorosos,
el silvo de los ayres amorosos, 70
 
15      
  la noche sosegada
en par de los levantes del aurora,
  la música callada,
  la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora. 75
 
16      
  Caçadnos las raposas,
que está ya florescida nuestra viña,
  en tanto que de rosas
  hazemos una piña,
y no parezca nadie en la montiña. 80
 
17      
  Detente cierço muerto.
Ven austro, que recuerdas los amores,
  aspira por mi huerto,
  y corran tus olores,
y pacerá el Amado entre las flores. 85
 
18      
  ¡O ninfas de Judea!
en tanto que en las flores, y rosales
  el ámbar perfumea
  morá en los arrabales;
y no queráis tocar nuestros humblares. 90
 
19      
  Escóndete Carillo,
y mira con tu haz a las montañas;
  y no quieras dezillo;
  mas mira las compañas
de la que va por ínsulas estrañas. 95
 
20      
  A las aves ligeras
leones, ciervos, gamos saltadores,
  montes, valles, riberas,
  aguas, ayres, ardores,
y miedos de las noches veladores. 100
 
21      
  Por las amenas liras,
y canto de serenas os conjuro,
  que cessen vuestras yras
  y no toquéis al muro,
porque la esposa duerma más siguro. 105
 
22      
  Entrádose ha la esposa
en el ameno huerto desseado,
  y a su sabor reposa
  el cuello reclinado
sobre los dulces braços del Amado. 110
 
23      
  Debaxo del mançano
allí conmigo fuiste desposada,
  allí te di la mano,
  y fuiste reparada
donde tu madre fuera violada. 115
 
24      
  Nuestro lecho florido
de cuevas de leones enlazado,
  en púrpura tendido,
  de paz edifficado,
de mil escudos de oro coronado. 120
 
25      
  A çaga de tu huella
las jóvenes discurren al camino,
  al toque de centella,
  al adobado vino,
emissiones de bálsamo divino. 125
 
26      
  En la interior bodega
de mi Amado beví, y quando salía
  por toda aquesta bega,
  ya cosa no sabía,
y el ganado perdí que antes seguía. 130
 
27      
  Allí me dio su pecho;
allí me enseñó sciencia muy sabrosa;
  y yo le di de hecho
  a mí sin dexar cosa;
allí le prometí de ser su esposa. 135
 
28      
  Mi alma se a empleado
y todo mi caudal en su servicio.
  Ya no guardo ganado,
  ni ya tengo otro officio,
que ya sólo en amar es mi exercicio. 140
 
29      
  Pues ya si en el egido
de oy más no fuere vista ni hallada,
  diréis que me e perdido,
  que andando enamorada
me hize perdediza, y fuy ganada. 145
 
30      
  De flores y esmeraldas
en las frescas mañanas escogidas
  haremos las guirnaldas
  en tu amor floridas,
y en un cabello mío entretexidas. 150
 
31      
  En solo aquel cabello
que en mi cuello volar consideraste,
  mirástele en mi cuello,
  y en él presso quedaste,
y en uno de mis ojos te llagaste. 155
 
32      
  Cuando tú me miravas,
su gracia en mí tus ojos imprimían;
  por esso me adamavas,
  y en esso merecían
los míos adorar lo que en ti vían. 160
 
33      
  No quieras despreciarme,
que si color moreno en mí hallaste,
  ya bien puedes mirarme,
  después que me miraste,
que gracia y hermosura en mí dexaste. 165
 
34      
  La blanca palomica
al arca con el ramo se a tornado;
  y ya la tortolica
  al socio desseado
en las riberas verdes a hallado. 170
 
35      
  En soledad vivía,
y en soledad a puesto ya su nido;
  y en soledad la guía
  a solas su querido
también en soledad de amor herido. 175
 
36      
  Gozémonos Amado:
y vámonos a ver en tu hermosura
  al monte y al collado,
  do mana el agua pura:
entremos más adentro en la espesura. 180
 
37      
  Y luego a las subidas
cavernas de la piedra nos yremos,
  que están bien escondidas,
  y allí nos entraremos,
y el mosto de granadas gustaremos. 185
 
38      
  Allí me mostrarías,
aquello que mi alma pretendía;
  y luego me darías
  allí, tu vida mía,
aquello que me diste el otro día. 190
 
39      
  El aspirar de el ayre,
el canto de la dulce filomena,
  el soto y su donayre
  en la noche serena
con llama que consume y no da pena. 195
 
40      
  Que nadie lo mirava,
Aminadab tampoco parescía;
  y el cerco sosegava;
  y la cavallería
a vista de las aguas descendía. 200





Noche oscura
Canciones de el alma que se goza de aver llegado al alto estado de la perfectión, que es la unión con Dios, por el camino de la negación espiritual. De el mesmo autor


                                En una noche obscura        
con ansias en amores inflamada
  ¡o dichosa ventura!
  salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada. 5
 
  Ascuras y segura
por la secreta escala disfraçada
  ¡o dichosa ventura!
  a escuras y encelada
estando ya mi casa sosegada. 10
 
  En la noche dichosa
en secreto que naide me veya
  ni yo mirava cosa
  sin otra luz y guía
sino la que en el coraçón ardía. 15
 
  Aquesta me guiava
más cierto que la luz de mediodía
  adonde me esperava
  quien yo bien me savía
en parte donde nadie parecía. 20
 
  ¡O noche que guiaste!
¡O noche amable más que la alborada!
  ¡O noche que juntaste
  Amado con amada,
Amada en el amado transformada! 25
 
  En mi pecho florido
que entero para él solo se guardaba,
  allí quedó dormido
  y yo le regalava
y el ventalle de cedros ayre daba. 30
 
  El ayre del almena
quando yo sus cavellos esparcía,
  con su mano serena
  en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía. 35
 
  Quedéme y olbidéme
el rostro recliné sobre el Amado;
  cessó todo y dexéme
  dexando mi cuydado
entre las açucenas olbidado. 40





Llama de amor viva
Canciones de el alma en la íntima communicación de unión de amor de Dios. Del mismo autor


                                ¡O llama de amor viva        
  que tiernamente hyeres
de mi alma en el más profundo centro!
  Pues ya no eres esquiva
  acava ya si quieres, 5
rompe la tela de este dulce encuentro.
 
  ¡O cauterio suave!
  ¡O regalada llama!
¡O mano blanda! ¡O toque delicado,
  que a vida eterna save 10
  y toda deuda paga!
Matando muerte en vida la has trocado.
 
  ¡O lámparas de fuego
  en cuyos resplandores
las profundas cabernas del sentido 15
  que estava obscuro y ciego,
  con estraños primores
calor y luz dan junto a su querido!
 
  ¡Quán manso y amoroso
  recuerdas en mi seno 20
donde secretamente solo moras,
  y en tu aspirar sabroso
  de bien y gloria lleno
quán delicadamente me enamoras!





Coplas de el mismo, hechas sobre un éstasis de harta contemplación


                              Entréme donde no supe        
y quedéme no sabiendo,
toda ciencia transcendiendo.
 
1            
  Yo no supe dónde entraba
porque cuando allí me vi 5
sin saver dónde me estaba
grandes cosas entendí;
no diré lo que sentí
que me quedé no sabiendo,
toda sciencia trascendiendo. 10
 
2            
  De paz y de piedad
era la sciencia perfecta,
en profunda soledad
entendida vía recta,
era cosa tan secreta 15
que me quedé balbuciendo,
toda sciencia trascendiendo.
 
3            
  Estava tan embebido
tan absorto y ajenado
que se quedó mi sentido 20
de todo sentir privado,
y el espíritu dotado
de un entender no entendiendo,
toda sciencia trascendiendo.
 
4            
  Quanto más alto se suve 25
tanto menos se entendía
que es la tenebrosa nuve
que a la noche esclarecía,
por eso quien la sabía
queda siempre no sabiendo, 30
toda sciencia trascendiendo.
 
5            
  El que allí llega de vero
de sí mismo desfallesce
quanto sabía primero
mucho baxo le parece, 35
y su sciencia tanto crece
que se queda no sabiendo,
y su sciencia trascendiendo.
 
6            
  Este saber no sabiendo
es de tan alto poder 40
que los sabios arguyendo
jamás le pueden vencer,
que no llega su saber
a no entender entendiendo,
toda sciencia trascendiendo. 45
 
7            
  Y es de tan alta excelencia
aqueste summo saber
que no ay facultad ni ciencia
que le puedan emprender
quien se supiere vencer 50
con un no saber sabiendo,
yrá siempre trascendiendo.
 
8            
  Y si lo queréis oýr
consiste esta summa sciencia
en un subido sentir, 55
de la dibinal esencia
es obra de su clemencia
hazer quedar no entendiendo,
toda sciencia trascendiendo.





Coplas de el alma que pena por ver a Dios. De el mismo autor


                            Vivo sin vivir en mí        
y de tal manera espero
que muero porque no muero.
 
  En mí yo no vivo ya
y sin Dios vivir no puedo 5
pues sin él y sin mí quedo
este vivir ¿qué será?
Mil muertes se me hará
pues mi misma vida espero
muriendo porque no muero. 10
 
  Esta vida que yo vivo
es privación de el vivir
y assí es contino morir
hasta que viva contigo.
Oye mi Dios lo que digo 15
que esta vida no la quiero,
que muero porque no muero.
 
  Estando absente de ti
¿qué vida puedo tener
sino muerte padecer 20
la mayor que nunca vi?
Lástima tengo de mí
pues de suerte persevero
que muero porque no muero.
 
  El pez que del agua sale 25
aun de alibio no carece
que en la muerte que padece
al fin la muerte le vale.
¿Qué muerte abrá que se yguale
a mi vivir lastimero, 30
pues si más vivo más muero?
 
  Quando me empieço a alibiar
de verte en el Sacramento
házeme más sentimiento
el no te poder gozar; 35
todo es para más penar
y mi mal es tan entero
que muero porque no muero.
 
  Y si me gozo Señor
con esperança de verte 40
en veer que puedo perderte
se me dobla mi dolor,
viviendo en tanto pabor
y esperando como espero,
muérome porque no muero. 45
 
  Sácame de aquesta muerte
mi Dios y dame la vida,
no me tengas impedida
en este lazo tan fuerte,
mira que peno por verte 50
y de tal manera espero
que muero porque no muero.
 
  Lloraré mi muerte ya
y lamentaré mi vida
en tanto que detenida 55
por mis pecados está.
¡O mi Dios! ¿quándo será
quando yo diga de vero:
vivo ya porque no muero?





Otras de el mismo a lo divino


                                  Tras de un amoroso lance        
y no de esperança falto
subí tan alto tan alto
que le di a la caça alcançe.
 
  Para que yo alcance diesse 5
a aqueste lançe divino
tanto bolar me convino
que de vista me perdiesse,
y con todo en este trance
en el buelo quedé falto 10
mas el amor fue tan alto
que le di a la caça alcance.
 
  Quando más alto suvía
deslumbróseme la vista
y la más fuerte conquista 15
en escuro se hazía,
mas por ser de amor el lance
di un ciego y obscuro salto
y fuy tan alto tan alto
que le di a la caça alcance. 20
 
  Por una estraña manera
mil buelos pasé de un buelo
porque esperança del cielo
tanto alcança quanto espera,
esperé solo este lance 25
y en esperar no fuy falto
pues fuy tan alto tan alto
que le di a la caça alcance.
 
  Quando más cerca llegava
de este lance tan subido 30
tanto más baxo y rendido
y abatido me hallava
dixe: No abrá quien lo alcançe.
Abatíme tanto tanto
que fuy tan alto tan alto 35
que le di a la caça alcance.
 
Finis                





Glosa de el mismo


                                Sin arrimo y con arrimo,        
sin luz y ascuras viviendo
toda me voy consumiendo.
 
  Mi alma está desassida
de toda cosa criada 5
y sobre sí levantada
y en una sabrosa vida
sólo en su Dios arrimada.
Por esso ya se dirá
la cosa que más estimo 10
que mi alma se vee ya
sin arrimo y con arrimo.
 
  Y aunque tinieblas padezco
en esta vida mortal
no es tan crecido mi mal 15
porque si de luz carezco
tengo vida celestial,
porque el amor de tal vida
quando más ciego va siendo
que tiene al alma rendida 20
sin luz y ascuras viviendo.
 
  Haze tal obra el amor
después que le conocí
que si ay bien o mal en mí
todo lo haze de un sabor 25
y al alma transforma en sí,
y assí en su llama sabrosa
la qual en mí estoy sintiendo
apriessa sin quedar cosa
todo me voy consumiendo. 30





Glosa a lo divino. De el mismo autor


                                Por toda la hermosura        
nunca yo me perderé
sino por un no sé qué
que se alcança por ventura.
 
  Sabor de bien que es finito 5
lo más que puede llegar
es cansar el apetito
y estragar el paladar;
y assí por toda dulçura
nunca yo me perderé 10
sino por un no sé qué
que se halla por ventura.
 
  El coraçón generoso
nunca cura de parar
donde se puede passar 15
sino en más difficultoso;
nada le causa hartura
y sube tanto su fee
que gusta de un no sé qué
que se halla por ventura. 20
 
  El que de amor adolesce
de el divino ser tocado
tiene el gusto tan trocado
que a los gustos desfallece;
como el que con calentura 25
fastidia el manjar que ve
y apetece un no sé qué
que se halla por ventura.
 
  No os maravilléis de aquesto
que el gusto se quede tal 30
porque es la causa del mal
ajena de todo el resto;
y assí toda criatura
enajenada se vee
y gusta de un no sé qué 35
que se halla por ventura.
 
  Que estando la voluntad
de Divinidad tocada
no puede quedar pagada
sino con Divinidad; 40
mas por ser tal su hermosura
que sólo se vee por fee
gústala en un no sé qué
que se halla por ventura.
 
  Pues de tal enamorado 45
dezidme si abréis dolor
pues que no tiene sabor
entre todo lo criado;
solo sin forma y figura
sin hallar arrimo y pie 50
gustando allá un no sé qué
que se halla por ventura.
 
  No penséis que el interior
que es de mucha más valía
halla gozo y alegría 55
en lo que acá da sabor,
mas sobre toda hermosura
y lo que es y será y fue
gusta de allá un no sé qué
que se halla por ventura. 60
 
  Más emplea su cuydado
quien se quiere aventajar
en lo que está por ganar
que en lo que tiene ganado;
y assí para más altura 65
yo siempre me inclinaré
sobre todo a un no sé qué
que se halla por ventura.
 
  Por lo que por el sentido
puede acá comprehenderse 70
y todo lo que entenderse,
aunque sea muy subido,
ni por gracia y hermosura
yo nunca me perderé
sino por un no sé qué 75
que se halla por ventura.





Cantar de el alma que se goza de conocer a Dios por fee


                                        Que bien sé yo la fonte que mana y corre,            
aunque es de noche.
  Aquella Eterna fonte está escondida,
que bien sé yo do tiene su manida,
aunque es de noche. 5
  Su origen no lo sé que pues no le tiene,
mas sé que todo origen della viene,
aunque es de noche.
  Sé que no puede ser cosa tan bella
y que cielos y tierra beben della, 10
aunque es de noche.
  Bien sé que suelo en ella no se halla
y que ninguno puede vadealla,
aunque es de noche.
  Su claridad nunca es escurecida 15
y sé que toda luz de ella es venida,
aunque es de noche.
  Sée ser tan caudalosas sus corrientes
que infiernos cielos riegan y a las gentes,
aunque es de noche. 20
  El corriente que nace desta fuente
bien sé que es tan capaz y tan potente,
aunque es de noche.
  Aquesta Eterna fuente está escondida
en este vivo pan por darnos vida, 25
aunque es de noche.
  Aquí se está llamando a las criaturas
porque desta agua se harten aunque a escuras,
porque es de noche.
  Aquesta viva fuente que deseo 30
en este pan de vida yo la veo,
aunque es de noche.
 
- Fin. -





Otras a lo divino de Christo y el alma del mismo


                              Un pastorcico solo está penado          
ageno de plazer y de contento
y en su pastora firme el pensamiento
y el pecho del amor muy lastimado.
 
  No llora por averle amor llagado 5
que no se pena en veerse así affligido,
aunque en el coraçón está herido,
mas llora por pensar que está olbidado.
 
  Que sólo de pensar que está olbidado
de su vella pastora con gran pena 10
se dexa maltratar en tierra agena
el pecho del amor mui lastimado.
 
  Y dize el pastorcico: ¡Ay desdichado
de aquel que de mi amor a hecho ausencia
y no quiere gozar la mi presencia 15
el pecho por su amor muy lastimado!
 
  Y a cavo de un gran rato se a encumbrado
sobre un árbol do abrió sus braços vellos,
y muerto se ha quedado asido dellos
el pecho del amor muy lastimado. 20

Fin





Romances sobre el Evangelio «In principio erat Verbum» acerca de la Sanctíssima Trinidad


1.º        
                              En el principio morava
el Verbo y en Dios vivía
en quien su felicidad
infinita posseýa.
El mismo Verbo Dios era 5
que el principio se dezía.
Él morava en el principio
y principio no tenía.
Él era el mismo principio
por eso dél carecía, 10
el Verbo se llama Hijo
que del principio nacía.
Hale siempre concevido
y siempre le concevía;
dale siempre su sustancia 15
y siempre se la tenía.
Y assí la gloria del Hijo
es la que en el Padre avía
y toda su gloria el Padre
en el Hijo posseýa. 20
Como amado en el amante
uno en otro residía,
y aquese amor que los une
en lo mismo convenía.
Con el uno y con el otro 25
en ygualdad y valía
tres Personas y un Amado
entre todos tres avía.
Y un amor en todas ellas
un amante los hazía, 30
y el amante es el amado
en que cada qual vivía.
Que el ser que los tres posseen
cada qual le posseýa
y cada qual dellos ama 35
a la que este ser tenía.
Este ser es cada una
y este solo las unía
en un inefable modo
que dezirse no savía. 40
Por lo qual era infinito
el amor que los unía
porque un solo amor tres tienen
que su esencia se dezía;
quel amor quanto más une 45
tanto más amor hazía.
 
 
De la communicación de las tres personas
2.º      
En aquel amor inmenso
que de los dos procedía
palabras de gran regalo
el Padre al Hijo dezía,
de tan profundo deleite 5
que nadie las entendía;
sólo el Hijo lo gozaba
que es a quien pertenecía.
Pero aquello que se entiende
desta manera dezía 10
-Nada me contenta, Hijo,
fuera de tu compañía.
Y si algo me contenta
en ti mismo lo quería
el que a ti más se parece 15
a mí más satisfazía.
Y el que nada te semeja
en mí nada hallaría
en ti solo me e agradado
¡o vida de vida mía! 20
Eres lumbre de mi lumbre
eres mi sabiduría,
figura de mi substancia
en quien bien me complazía.
Al que a ti te amare Hijo 25
a mí mismo le daría
y el amor que yo te tengo
esse mismo en él pondría
en razón de aver amado
a quien yo tanto quería. 30
 
 
De la creación      
3.º      
-Una esposa que te ame
mi Hijo darte quería
que por tu valor merezca
tener nuestra compañía
y comer pan a una mesa 5
del mismo que yo comía,
porque conozca los bienes
que en tal Hijo yo tenía
y se congracie commigo
de tu gracia y loçanía. 10
-Mucho lo agradezco Padre
-el Hijo le respondía-,
a la esposa que me dieres
yo mi claridad daría
para que por ella vea 15
quánto mi Padre valía
y cómo el ser que posseo
de su ser lo recevía.
Reclinarla e yo en mi braço
y en tu amor se abrasaría 20
y con Eterno deleite
tu bondad sublimaría.
 
 
Prosigue      
4.º      
-Hágase pues -dixo el Padre-,
que tu amor lo merecía.
Y en este dicho que dixo
el mundo criado avía.
Palacio para la esposa 5
hecho en gran sabiduría
el qual en dos aposentos
alto y baxo dividía.
El baxo de differencias
infinitas componía 10
mas el alto hermoseava
de admirable pedrería.
Porque conozca la esposa
el Esposo que tenía
en el alto colocava 15
la angélica jerarchía,
pero la natura humana
en el baxo la ponía
por ser en su ser compuesta
algo de menor valía. 20
Y aunque el ser y los lugares
desta suerte los ponía,
pero todos son un cuerpo
de la esposa que dezía:
que el amor de un mismo Esposo 25
una esposa los hazía;
los de arriva posseýan
al Esposo en alegría,
los de abaxo en esperança
de fee que les infundía 30
diziéndoles que algún tiempo
él los engrandecería,
y que aquella su baxeza
él se la levantaría
de manera que ninguno 35
ya la vituperaría,
porque en todo semejante
él a ellos se haría,
y se vendría con ellos
y con ellos moraría 40
y que Dios sería hombre
y que el hombre Dios sería
y que trataría con ellos
comería y bebería,
y que con ellos continuo 45
él mismo se quedaría
hasta que se consumase
este siglo que corría
quando se gozaran juntos
en Eterna melodía; 50
porque él era la cabeça
de la esposa que tenía
a la qual todos los miembros
de los justos juntaría,
que son cuerpo de la esposa 55
a la qual Él tomaría
en sus braços tiernamente
y allí su amor le daría,
y que assí juntos en uno
el Padre la llevaría 60
donde del mismo deleite
que Dios goza gozaría,
que como el Padre y el Hijo
y el que de ellos procedía
el uno vive en el otro; 65
assí la esposa sería
que dentro de Dios absorta
vida de Dios viviría.
 
 
Prosigue      
5.º      
Con esta buena esperança
que de arriva les venía
el tedio de sus trabajos
más leve se les hazía,
pero la esperança larga 5
y el deseo que crecía
de gozarse con su Esposo
contino les affligía.
Por lo qual con oraciones
con suspiros y agonía 10
con lágrimas y gemidos
le rogavan noche y día
que ya se determinase
a les dar su compañía.
Unos dezían: ¡O si fuesse 15
en mi tiempo la alegría!
Otros: Acava, Señor,
al que as de embiar embía.
Otros: ¡O si ya rompiese
essos cielos y vería 20
con mis ojos que baxases
y mi llanto cessaría!
Regat nuves de lo alto
que la tierra lo pedía,
y ábrase ya la tierra 25
que espinas nos produzía,
y produzga aquella flor
con que ella florecía.
Otros dezían: ¡O dichoso
el que en tal tiempo sería 30
que merezca beer a Dios
con los ojos que tenía,
y tratarle con sus manos
y andar en su compañía
y gozar de los misterios 35
que entonces ordenaría!
 
 
Prosigue      
6.º      
En aquestos y otros ruegos
gran tiempo pasado avía
pero en los postreros años
el fervor mucho crecía,
quando el viejo Simeón 5
en deseo se encendía
rogando a Dios que quisiese
dexalle ver este día.
Y assí el Espíritu Sancto
al buen viejo respondía 10
que le dava su palabra
que la muerte no vería
hasta que la vida viesse
que de arriva descendía,
y que él en sus mismas manos 15
al mismo Dios tomaría
y le tendría en sus braços
y consigo abraçaría.
 
 
Prosigue la Encarnación      
7.º      
Ya que el tiempo era llegado
en que hazerse convenía
el rescate de la esposa
que en duro yugo servía,
debaxo de aquella ley 5
que Moysés dado le avía
el Padre con amor tierno
desta manera dezía:
-Ya ves, Hijo, que a tu esposa
a tu ymagen hecho avía 10
y en lo que a ti se parece
contigo bien convenía,
pero diffiere en la carne
que en tu simple ser no avía.
En los amores perfectos 15
esta ley se requería,
que se haga semejante
el amante a quien quería
que la mayor semejança
más deleite contenía; 20
el qual sin duda en tu esposa
grandemente crecería
si te viere semejante
en la carne que tenía.
-Mi voluntad es la tuya 25
-el Hijo le respondía-,
y la gloria que yo tengo
es tu voluntad ser mía,
y a mí me conviene, Padre,
lo que tu Alteza dezía 30
porque por esta manera
tu vondad más se vería;
veráse tu gran potencia
justicia y sabiduría
yrélo a dezir al mundo 35
y noticia les daría
de tu belleza y dulçura
y de tu soberanía;
yré a buscar a mi esposa
y sobre mí tomaría 40
sus fatigas y trabajos
en que tanto padecía;
y porque ella vida tenga,
yo por ella moriría
y sacándola del lago 45
a ti te la bolvería.
 
 
Prosigue      
8.º      
Entonces llamó un archángel
que Sant Gabriel se dezía,
y embiólo a una donzella
que se llamava María,
de cuyo consentimiento 5
el misterio se hazía,
en el qual la Trinidad
de carne al Verbo vestía.
Y aunque tres hazen la obra
en el uno se hazía, 10
y quedó el Verbo encarnado
en el bientre de María.
Y el que tiene sólo Padre
ya también madre tenía
aunque no como qualquiera 15
que de varón concevía,
que de las entrañas de ella
él su carne recevía,
por lo qual Hijo de Dios
y del hombre se dezía. 20
 
 
Del nacimiento      
9.º      
Ya que era llegado el tiempo
en que de nacer avía,
assí como desposado
de su tálamo salía,
abraçado con su esposa 5
que en sus braços la traýa,
al qual la graciosa madre
en un pesebre ponía
entre unos animales
que a la sazón allí avía. 10
Los hombres dezían cantares
los ángeles melodía
festejando el desposorio
que entre tales dos avía;
pero Dios en el pesebre 15
allí llorava y gimía
que eran joyas que la esposa
al desposorio traýa;
y la madre estava en pasmo
de que tal trueque veýa, 20
el llanto del hombre en Dios
y en el hombre el alegría,
lo qual del uno y del otro
tan ajeno ser solía.
 
Finis





Otro del mismo que va por «Super flumina Babilonis»


                            Encima de las corrientes        
que en Babilonia hallava,
allí me senté llorando
allí la tierra regava,
acordándome de ti 5
¡o Sión!, a quien amava.
Era dulce tu memoria
y con ella más llorava.
Dexé los traxes de fiesta
los de trabaxo tomava, 10
y colgué en los verdes sauzes
la música que llevaba
puniéndola en esperança
de aquello que en ti esperava.
Allí me hyrió el amor 15
y el coraçón me sacava.
Díxele que me matase
pues de tal suerte llagava;
yo me metía en su fuego
sabiendo que me abrasava, 20
desculpando al avezica
que en el fuego se acababa;
estávame en mí muriendo
y en ti solo respirava;
en mí por ti me moría 25
y por ti resucitava,
que la memoria de ti
daba vida y la quitava.
Gozábanse los estraños
entre quien cautivo estava. 30
Preguntávanme cantares
de lo que en Sión cantava:
-Canta de Sión un hynno,
veamos cómo sonava.
-Dezid, ¿cómo en tierra ajena 35
donde por Sión llorava
cantaré yo la alegría
que en Sión se me quedava?
Echaríala en olbido
si en la ajena me gozava. 40
Con mi paladar se junte
la lengua con que hablava
si de ti yo me olbidare
en la tierra do morava.
Sión, por los verdes ramos 45
que Babilonia me dava,
de mí se olbide mi diestra
que es lo que en ti más amava,
si de ti no me acordare
en lo que más me gozava, 50
y si yo tuviere fiesta
y sin ti la festejava.
¡O hija de Babilonia
mísera y desventurada!
Bienaventurado era 55
aquel en quien confiava,
que te a de dar el castigo
que de tu mano llevava,
y juntará sus pequeños
y a mí, porque en ti esperava, 60
a la piedra que era Christo
por el qual yo te dexava.
 
Debetur, soli gloria vera Deo.