PARA PODER LLEGAR A ENTENDER MUCHAS DE LAS COSAS QUE AHY AQUI, HAY QUE MIRARLAS CON LOS OJOS DEL "CORAZON".

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jueves, marzo 27, 2008

DOCUMENTOS ANTIGUOS SOBRE MASONERIA : VARIOS DOCUMENTOS ( 1726 - 1750 )


MANUSCRITO GRAHAM (1726)
John Tillotson: LA MASONERÍA SEGÚN LAS ESCRITURAS (1737)
DIÁLOGO ENTRE SIMÓN Y FELIPE (1740)
MANUSCRITO ESSEX (1750)
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EL MANUSCRITO GRAHAM (1726)

Publicado en "Ars Quatuor Coronatorum", vol. 80, Londres, 1967, pp. 77-80. Traducción francesa en Textes fondateurs de la
Tradition maçonnique 1390-1760. Introduction à la pensée de la franc-maçonnerie primitive, traduits et présentés par Patrick Négrier, París, Bernard Grasset, 1995.
Contrariamente a las Constituciones de 1723, en las que Anderson había
intentado alinear las posiciones de la masonería especulativa con la "religión natural", el Graham es un texto de clara confesión cristiana. El tema esencial de este catecismo simbólico es el de la eficacia pneumatológica de la palabra. ¿Nos
hallamos ante la evidencia escrita del tema masónico de la búsqueda de la palabra perdida, comúnmente referido al Masonry Dissected de Samuel Prichard?
Son claras las relaciones entre dicho tema y el juramento masónico del secreto. El Graham
propone numerosos ejemplos de hombres dotados de una palabra eficaz, asunto éste tradicionalmente relacionado con la dominación de las pasiones.
Todas las instituciones de la franc-masonería puestas al descubierto y probadas por lo mejor de la tradición así como por referencias a la Escritura.
Observad en primer lugar que todos nuestros signos provienen de la escuadra, de acuerdo con su empleo habitual. La prueba de ello se encuentra en el versículo 7 del capítulo 6 del primer libro de los Reyes.
El saludo se hace como sigue, de cualquier sitio del que vengáis: Yo vengo de la muy respetable logia de maestros y de compañeros perteneciente a Dios y al bienaventurado san Juan, que saluda a todos los hermanos verdaderos y perfectos de nuestros santos secretos, como yo mismo lo hago, encontrando que sois tales.

- Yo os saludo, hermano, y os ruego que me digáis vuestro nombre.
Responded J. y el otro debe decir que su nombre es B.
El examen continúa como sigue:
- ¿Cómo sabré que sois franc-masón? - Por las verdaderas palabras, signos y toques de mi entrada.
- ¿Cómo habéis sido hecho masón? - En una logia verdadera y perfecta.
- ¿Qué es una logia perfecta? - El centro de un corazón sincero.
- Pero, ¿a cuántos masones llamáis así? - A cualquier número impar entre 3 y 13.
- ¿Por qué tantos, y por qué en número impar?
- El primer número hace referencia a la santa Trinidad, y el otro a la venida de Cristo, con sus 12 apóstoles.
- ¿Cuál fue el primer paso de vuestra entrada?
- Un deseo intenso de conocer los secretos de la franc-masonería.
- ¿Por qué se llama franc-masonería? - En primer lugar, porque ella es un libre don de Dios a los hijos de los hombres;
en segundo lugar, porque está liberada de la intrusión de los espíritus infernales; y en tercer lugar porque es la libre
unión de los hermanos de ese santo secreto que debe subsistir para siempre.
- ¿Cómo habéis sido introducido en logia? - Pobre y sin un real, ciego e ignorante de nuestros secretos.
- ¿Y ello por qué razón? - Así como nuestro salvador se hizo pobre para nuestra redención, yo me hice pobre en ese
momento en vistas al conocimiento de Dios resumido en la escuadra.
- ¿Qué habéis visto en logia cuando se os permitió ver? - Yo vi la verdad, el mundo y la justicia del amor fraternal.
- ¿Dónde? - Delante de mí.
- ¿Qué había detrás de vos? - El perjurio y el odio de la fraternidad para siempre si yo descubriera nuestros secretos
sin el consentimiento de una logia, a menos que los haya obtenido de una triple voz habiendo sido recibido, pasado y
elevado en las reglas por tres logias distintas, y a condición de que haya jurado adecuarme a nuestros artículos...
- ¿Cómo estaba orientada la logia durante vuestra recepción? - Al este, al oeste y al sur.
- ¿Por qué no al norte? - Ya que nosotros residimos en la parte norte del mundo, y ya que no enterramos a los muertos en
el lado norte de nuestras iglesias, igualmente dejamos vacío el lado norte de nuestras logias.
- ¿Y por qué al este y al oeste? - Porque las iglesias están orientadas de este a oeste, y sus patios se encuentran al
sur.
- ¿Por qué las iglesias están orientadas de este a oeste? - Hay cuatro razones para ello.
- ¿Cuáles son? - La primera: nuestros primeros padres fueron situados al este en el Edén; la segunda: un viento del este
secó el mar (Rojo) ante los hijos de Israel, y el templo del Señor debía ser construido de la misma manera; la tercera:
el sol se eleva en el este y se oculta en el oeste por encima de aquellos que habitan cerca del ecuador; la cuarta: la
estrella apareció por el oeste para advertir a todos los pastores y hombres sabios que nuestro salvador iba a venir en la
carne.
- ¿Quién os guió en el interior de la logia? - El vigilante y el más mayor de los compañeros del oficio.
- ¿Por qué no el más joven de los compañeros del oficio? - Por seguir a nuestro salvador, que ordenó al jefe servir la
mesa, exhortación a la humildad que siempre debemos observar.
- ¿En qué postura habéis prestado vuestro juramento? - No estaba ni tendido ni de pie, ni andaba, ni corría; no daba
vueltas, no estaba ni colgado ni a punto de volar, ni desnudo ni vestido, ni calzado ni descalzo.
- ¿Por qué razón estabais en esa postura? - Porque un Dios y un hombre componen al verdadero Cristo, y así un sujeto
desnudo que estuviera medio desnudo y medio vestido, medio calzado y medio descalzo, medio arrodillado y medio de pie,
sería la mitad de todo y no sería nada, demostrando así un corazón humilde y obediente dispuesto a marchar lleno de fe
tras ese justo Jesús.
- ¿Qué habéis jurado? -Oír y callar nuestros secretos.
- ¿Cuál era el contenido de vuestro juramento? -El segundo punto de mi (juramento) era obedecer a Dios y a todas las
verdaderas escuadras hechas o dirigidas a mí por un hermano. El tercer (punto) era no robar jamás, por temor a ofender
a Dios y a arrojar vergüenza sobre la escuadra. El cuarto (punto) era jamás cometer adulterio con la esposa de un
hermano, ni mentirle de manera deliberada. El quinto (punto de mi juramento) era no desear vengarme de manera injusta
de un hermano, sino, por el contrario, socorrerle en tanto esté en mi poder y no me acarree un grave perjuicio.
- Admito que habéis estado en una logia; así que os pregunto: ¿cuántas luces posee una logia? - Yo respondo 12.
- ¿Cuáles son? - Las tres primeras joyas son el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; el sol, la luna, el maestro masón; la
escuadra, la regla; la plomada, el nivel, el mallete y el cincel.
- Probadme que todas ellas son verdaderas luces. - En lo que concierne a la santa Trinidad, ella da la razón. El sol nos
da la luz día y noche. La luna es un cuerpo sombrío que, surgido del agua, recibe su luz del sol y además es la reina de
las aguas, que son el mejor de los niveles. El maestro masón enseña el oficio y debería tener una palabra tres veces
potente cuando enseña nuestros secretos como hombre brillante, porque nosotros creemos en un poder oratorio superior, ya
que los 70 tenían un gran poder, y los 11 tenían otro aún mayor, pues escogieron a Matías para reemplazar a Judas. En lo
que concierne a la escuadra, la regla, la plomada, el nivel, el mallete y el cincel, son seis instrumentos sin los cuales
ningún masón puede realizar un verdadera trabajo.
- ¿A qué pueden referirse estas 12 luces? - Deducimos que se refieren a los 12 patriarcas, así como a los doce bueyes con
respecto a los cuales leemos en el capítulo 7 del primer libro de los Reyes que soportaban el mar fundido en bronce: eran
símbolos de los 12 discípulos que debían ser enseñados por Cristo.
- Admito que vos habéis entrado, así que os pregunto si habéis sido elevado.
- Sí.
- ¿Dónde habéis sido elevado? - He sido elevado en el conocimiento de nuestros orígenes, gracias a la vez a la tradición
y a la Escritura.
- ¿Qué palabra pronunciáis sobre los cimientos cuando eleváis un edificio, allí donde teméis que un espíritu infernal de
destrucción, frecuentando esos lugares, pueda derribar el trabajo de vuestras manos? - Oh, ven, déjanos y tendrás.
- ¿A quién os dirigís? - Rezo a la santa Trinidad.
- ¿De qué manera pronunciáis estas palabras? - De rodillas, con la cabeza descubierta, mirando hacia el este.
- ¿Qué queréis decir con estas palabras? - Queremos decir que despreciamos la justicia propia y que en ello diferimos de
esos babilonios que creían poder construir hasta el cielo. Por el contrario, rogamos a la santa Trinidad que nos permita
construir en verdad y en escuadra; y cada cual tendrá la recompensa que merece.
- ¿Cuándo fueron pronunciadas estas palabras, o para qué servían? - Yo respondo que desde el origen, antes de que el
evangelio se extendiera por el mundo cubierto de espíritus infernales de destrucción. A menos que los hombres
construyeran con fe y en oración, sus trabajos eran a menudo demolidos.
- Pero, ¿cómo fue posible que los trabajos de los babilonios fueran erigidos antes de que el evangelio comenzara a
brillar? - Yo os respondo devolviendoos vuestra propia pregunta, porque la presunción de los babilonios de los que acabo
de hablar había ofendido de tal modo al espíritu de Dios que las lenguas dejaron de ser comprendidas por su pecado a fin
de que la humanidad no volviera jamás a actuar así sin el permiso divino, que quiere que nada pueda hacerse sin fe ni
oración.
- ¿Esto es tradicional? - Sabemos esto por tradición, y también por referencia a la Escritura, que dice que Shem, Ham y
Japheth, deseosos de llegar junto a la tumba de su padre Noah, trataron de ver si podrían encontrar allí algo susceptible
de conducirles al secreto del poder detentado por ese famoso predicador. En efecto, deseo que todos reconozcan que todas
las cosas necesarias al mundo nuevo se encontraban en el arca con Noah.
Ahora bien, estos tres hombres ya habían acordado que, si no encontraban lo que buscaban, lo primero que encontraran
debería servirles de secreto. No dudaban, sino que creían muy firmemente que Dios tenía el poder, y también que
manifestaría su voluntad por medio de su fe, su oración y su obediencia, de manera que lo que encontraran se mostraría
ante ellos tan potente como si hubieran recibido el secreto de Dios mismo en su origen. Llegaron entonces a la tumba,
donde no encontraron nada más que el cadáver casi enteramente descompuesto. Cuando cogieron un dedo, éste se desprendió falange por falange, y lo mismo ocurrió con el puño y con el codo. Entonces levantaron el cadáver y lo sostuvieron,
poniendo un pie contra su pie, una rodilla contra su rodilla, el pecho contra su pecho, una mejilla contra su mejilla, y
una mano en su espalda, y se pusieron a gritar: Ayuda, oh Padre, como si dijeran: Oh, Padre del cielo, ayúdanos ahora,
porque nuestro padre terrestre ya no puede hacerlo. Entonces, dejando de nuevo el cadáver, y no sabiendo qué hacer, uno
de ellos dijo: Hay tuétano en este hueso, y el segundo dijo: Pero es un hueso seco, y el tercero dijo: apesta. Se
pusieron de acuerdo entonces para darle un nombre que fuera conocido por la masonería hasta este día. Después, se fueron
a sus asuntos y a partir de ese momento sus obras fueron buenas.
Es por ello que debe creerse, pero también comprenderse, que su poder no venía de lo que encontraron o del nombre que le
dieron, sino de su fe y de su oración. Las cosas continuaron así, y la voluntad dio firmeza a la acción.
Cuando reinaba el rey Alboyne nació Bazalliell, que fue llamado así por Dios antes de su concepción. Este hombre santo
sabía por inspiración que los títulos secretos y los símbolos primitivos del principio divino tenían el poder de proteger,
y construyó de tal manera que ningún espíritu infernal de destrucción osó quebrantar la obra de sus manos. Así que sus
obras se hicieron tan famosas que los dos hermanos más jóvenes del rey del que se acaba de hablar desearon ser instruidos
por él en la noble ciencia que él dominaba. A ello consintió a condición de que no la revelaran (oralmente) sin unir
(para ello) sus propias voces a la de un tercero. Prestaron juramento y él les enseñó la parte teórica y la parte
práctica de la masonería. Después hicieron su obra. En esta época, los salarios de los masones aumentaron en este reino;
se veía entonces a los masones en compañía de reyes y príncipes. Pero cuando la hora de su muerte estaba cerca,
Bazalliell deseó que se le enterrara en el valle de Josaphat, y que sobre (su tumba) se grabara una inscripción
conforme a su mérito, lo cual realizaron ambos príncipes. Esta (inscripción) estaba (formulada) como sigue:
- Aquí yace la flor de la masonería, que, superior a muchos otros, fue el compañero de un rey y el hermano de dos
príncipes. Aquí yace el corazón que podía albergar todos los secretos. Aquí yace la lengua que jamás reveló ninguno.
Tras su muerte, los habitantes del lugar pensaron que, con él, los secretos de la masonería se habían perdido totalmente,
pues ya no oían hablar de ellos, y nadie conocía los secretos excepto esos dos príncipes, y durante su recepción habían
jurado no revelarlos si no unían sus voces a la de un tercero. Es por ello que debe creerse y también comprenderse que un
secreto tan santo no podía jamás perderse mientras quedara vivo sobre la tierra un buen servidor de Dios. Pues todo buen
servidor de Dios siempre tiene y tendrá una gran parte en este santo secreto, aunque los demás ignoren dicho secreto, así
como los medios que deben usarse. En efecto, ocurrió en el mundo de esta época lo que ocurrió en la Iglesia samaritana a
propósito de Cristo.
Buscaban lo que no conocían. Pero su profunda ignorancia no podía discernir esto, y así todo siguió en las tinieblas y la
oscuridad durante los 840 años que duró el éxodo de los hijos de Israel fuera del país de Egipto. En el cuarto año de su
reinado sobre Israel, Salomón comenzó a construir la casa del Señor, casa que deseaba construir su padre David, pero que
no obtuvo permiso para realizar, pues sus manos eran culpables de las guerras sangrientas (que hacían estragos) en
todas partes.
He aquí todo lo que se refiere a los días en que Salomón, su hijo, comenzó a construir la casa del Señor. Es mi deseo que
todo el mundo convenga en que todo lo que era necesario aportar para esta santa construcción no provenía (únicamente)
de este sabio rey. Todos debemos reconocer esto, so pena de acusar a Dios de una injusticia que ningún frágil mortal
osaría reprocharle, y de la que su divina bondad no ha podido hacerse culpable. Leemos ahora en el versículo 13 del
capítulo 7 del primer libro de los Reyes que Salomón envió a buscar a Hiram de Tiro. Éste era el hijo de una viuda de la
tribu de Neftalí, y su padre era un hombre de Tiro.
(Era) un artesano experto en bronce, lleno de sabiduría, hábil en la realización de todas las obras en bronce. Llegó
ante el rey Salomón y construyó para él toda su obra. La explicación de estos versículos es la siguiente: la palabra
hábil expresa la ingeniosidad; en cuanto a la sabiduría y la comprensión, cuando se encuentran reunidas en la misma
persona, ésta ya nada tiene que desear. Así, con respecto a este pasaje de la Escritura, debemos convenir en que el hijo
de la viuda cuyo nombre era Hiram estaba dotado de una inspiración sagrada comparable a la del sabio rey Salomón, o aún a
la de san Bazalliell.
Se saca generalmente de la tradición que hubo durante la erección (de esta Casa) una tumultuosa riña entre los obreros
manuales y los masones a causa de los salarios. Para calmar a todo el mundo y facilitar las cosas, el rey en su sabiduría
dijo: Estad todos contentos, pues todos seréis pagados de la misma manera. Dio entonces a los masones un signo que
desconocían los obreros manuales, a fin de que aquel que fuera capaz de hacerlo en el sitio de la paga pudiera ser pagado
como masón. Los obreros manuales, no conociendo (este signo), fueron pagados como antes. Esto bien pudo pasar así, y si
en efecto fue el caso, debemos juzgar como muy llenas de gracia las palabras del sabio rey Salomón, pues debe
comprenderse y también creerse (por ellas) que el sabio rey deseaba dar a cada uno lo que merecía.
Comprendo ahora mejor el versículo 7 del capítulo 6 del primer libro de los Reyes, en el que se dice que la Casa fue,
durante su erección, construida en piedras ya preparadas antes de ser llevadas al lugar, de tal manera que no se oía ni
martillo, ni hacha, ni instrumento alguno de hierro en la casa durante su construcción. Puede deducirse de ello que todo
estaba preparado de antemano, pero que no podía ser sacado (de la cantera) sin verificación previa. Y cuando para
buscar (un medio de verificación, se removió) cielo y tierra, no pudo entonces encontrarse nada más conveniente que la
escuadra, que se convirtió en su signo y que significa lo que debían hacerse el uno al otro. El trabajo continuó y
prosperó. Lo que no podía ser bueno era malo. Trabajaron para un buen maestro, y tenían como vigilante al hombre más
sabio de la tierra. Por ello, en parte por su mérito, pero aún más en razón de la libre gracia, la masonería obtuvo un
nombre y un mandamiento nuevo. Su nombre significa Fuerza, a lo cual responden: Belleza; y su mandamiento es el Amor.
Leed en prueba (de ello) los capítulos 7 y 6 del primer libro de los Reyes, en los que encontraréis (descritas) las
maravillosas obras de Hiram durante la construcción de la casa del Señor.
Cuando todo acabó, los secretos de la masonería fueron ordenados con justicia como lo están ahora y como lo estarán hasta
el fin del mundo, en la medida en que se los comprenda con exactitud. Forman 3 partes cuando se refieren a la santa
Trinidad que hizo todas las cosas; forman además 13 ramas en referencia a Cristo y a sus 12 apóstoles; son como sigue:
una palabra para el teólogo, seis para el clero y seis para el compañero de oficio, y para estar plena y totalmente de
acuerdo, seguir con los cinco puntos de los compañeros franc-masones, que son pie contra pie, rodilla contra rodilla,
pecho contra pecho, mejilla contra mejilla y mano en la espalda, cinco puntos que aluden a los cinco principales signos
que son la cabeza, el pie, el torso, la mano y el corazón, así como a los cinco puntos de la arquitectura y a los cinco
órdenes de la masonería. Obtienen además su fuerza de cinco (figuras) primitivas: una divina y cuatro temporales, que
son como sigue: primero el Cristo, el jefe y la piedra angular; en segundo lugar, Pedro, llamado Kephás; en tercer lugar
Moisés, que grabó los mandamientos; en cuarto lugar, Bazalliell, el mejor de los masones; en quinto lugar, Hiram, que
estaba lleno de sabiduría y de inteligencia .../...
Graham, por suerte maestro de las logias, además de Enquam Ebo, a 24 de octubre de 1726, a todos y a cada uno de aquellos de nuestra fraternidad que quieran instruirse con esto.

John Tillotson

LA MASONERÍA SEGÚN LAS ESCRITURAS (1737)

No muchas son las referencias que se conservan de John Tillotson; Montesquieu lo menciona, así como el caballero de
Ramsay en una de sus cartas. Según la Encyclopaedia britannica, Tillotson (1630-1694) fue deán de la catedral de
Saint-Paul en Londres, antes de convertirse en 1691 en arzobispo de Cantorbéry. En 1675 editó los Principios de la
religión natural, de Wilkins. Han quedado bastantes compilaciones de sus sermones, como Cincuenta sermones y la regla de
fe (1691), Cuatro sermones referentes a la divinidad y a la encarnación de nuestro bienaventurado salvador (1693) y
los Sermones póstumos (1694). Una curiosa recopilación de algunos de ellos, titulada Selección de discursos sobre
diversos temas (Select orations on various subjects), impresa a título póstumo en 1737, contiene el texto que
presentamos a continuación. En él, el autor intenta demostrar que la Franc-Masonería se enmarca en el ámbito de una
hermenéutica tradicional de la Biblia, con la peculiaridad de poseer un simbolismo tomado de la arquitectura. Hemos
prescindido de ofrecer anotaciones con las referencias bíblicas del texto, pues son demasiado numerosas y apenas
aclararían el sentido del documento. Parece claro que, para Tillotson, la Iglesia cristiana es una verdadera masonería
espiritual. Más que un tratado de apologética, la Masonería según las Escrituras constituye una defensa cristiana de la
masonería. On Scripture masonry fue publicado posteriormente en el vol. 74, pp. 89-98, de "Ars Quatuor Coronatorum",
Londres, 1961, y Patrick Négrier realizó la traducción francesa (Textes fondateurs de la Tradition maçonnique, 1390-1760, París, Grasset, 1995).

La divinidad y lo sublime de la masonería tal como aparece en los oráculos sagrados...
Al muy respetable gran maestro de la antigua y honorable sociedad de los masones libres y aceptados, este texto está a él
dedicado por el más humilde y obediente servidor de su señor. El autor.
La masonería según la Escritura
"Por lo tanto, el Señor, el Ser eterno, dice así: He aquí que yo fundo en Sión una piedra, piedra de fortaleza, piedra
angular, escogida, sólidamente cimentada... Haré del derecho un cordel, y de la justicia un nivel" (Is. 28, 16-17).
Habiendo ordenado el edificio del universo en número, peso y medida, y habiendo echado los cimientos del mundo, Dios
nuestro muy sabio maestro desplegó el cordel sobre sí, y, como dice Job, lo suspendió en el vacío por (medio) de una
misteriosa geometría. Se convirtió así en la imagen sensible de la masonería divina, cuyo eterno plan, cuyo modelo
arquetípico, era el objeto de su sabiduría y de su inmenso conocimiento antes de que el mundo fuera. Todo lo hizo gracias
a su Hijo, que le era fiel en todos los asuntos de su Casa, y distribuyó a sus obreros y servidores sus tareas y sus
pagas. Nada cumplió Dios sin trazado, sin modelo en su decreto oculto, que secretamente guarda al abrigo de las miradas
humanas. Pues sus caminos son insondables; sus pasos son ignorados; ¿quién ha comprendido al Espíritu del Señor, o quién ha sido su consejero? Las huellas de su omnipotente providencia subsisten en el jardín de la noche; él mismo habita en
una luz inaccesible; pasa a nuestro lado y no le vemos. El masón celestial es un excelente obrero; pero, ¿quién puede dar
cuenta de la manera como engendra, de su nombre o del nombre de su Hijo? Él, cuyas primeras actuaciones tuvieron lugar
hace tanto tiempo, es invisible como el camino de un águila en el aire, como la aguja de un reloj de sol (a mediodía),
o como la revolución silenciosa de la gran rueda del mundo, hasta que él alcance el punto final en que el edificio deberá
ser derribado, y su materia dispersada en la región del infinito.
En Heb., 11, 10, Dios es llamado el constructor de la ciudad y de sus fundaciones.
Se le describe ciñéndose él mismo de fuerza, apoyando un compás sobre la superficie del abismo, desplegando los cielos
como un pabellón, y afirmando la tierra sobre sus pilares; fijando el número de las estrellas, llamándolas a todas por
sus nombres; construyendo las cámaras del sur bajo la bóveda del firmamento; pesando las colinas y las montañas en los
platillos de una balanza. Además, dice David, su secreto no es sino para aquellos que le temen; a ellos mostrará su pacto.
Si obráis con rectitud, ¿no seréis aceptados? dice Dios. En cada nación, aquel que teme a Dios y obra rectamente es
admitido por él. Pero, ¿puede un hombre hacer salir lo limpio de lo que está sucio? Nadie llega al ungido, al constructor
de la Casa, si el Padre no le conduce hasta su enviado. Debe ser fiel a la obligación cristiana que ha prometido; debe
observar las reglas particulares de la compañía y de la santa comunión, (vivir) en el amor fraterno, separado del mundo
y sin conformarse a él. Debe edificarse a sí mismo y edificar a los demás como piedras vivientes, según el mandamiento de
su maestro, en todo lo que es digno de elogio, y debe esperar a la Jerusalén de lo alto, cuyos muros son de piedras
preciosas, y su pavimento de oro puro.
El Libro de Dios, su voluntad y sus obras son los modelos de la masonería sagrada. Está llena de sublimes misterios, no
comunicados a todos. No todos toman parte en el Espíritu de Dios, sólo son hermanos de la santa liga aquellos que han
(recibido) la adopción para poder decir Abba, Padre. No tengas miedo, pequeño rebaño, dice el ungido, yo te he escogido
y (retirado) del mundo, que no me conoce a mí ni conoce al Padre; pero yo le conozco, y te lo he mostrado. ¿Puede darse
a una compañía decreto más elevado y venerable que los emblemas y las imágenes de la comunión, que están colocados tan comprimidos en el volumen del Espíritu santo como las estrellas que centellean alegremente en la bóveda del cielo? Somos
llamados el edificio de Dios, su obra, su templo, su morada, a la que ha prometido volver, y ha fijado su domicilio entre
nosotros.
Caín no fue aceptado porque abatió a su hermano. Una lección para todos los hombres fieles y benévolos: construyó una
ciudad que, al no estar hecha con justicia y virtud, no fue masonería; la moralidad y la piedad son tan esenciales a la
ciudad como la arquitectura. Los constructores de Babel fueron dispersados, ya que no poseían ni los signos de la
verdadera masonería ni el espíritu que la caracteriza. Nuestros padres antes del diluvio vivían en tiendas, imagen del
tabernáculo de la ley y del deseo de nuestro Señor de erigir su tienda con nosotros en el Evangelio, y de conducirnos a
su Casa sobre el monte Sión, construida en la roca eterna. La estructura de estas tiendas fue el primer punto exterior de
la masonería sagrada en ser inventado. San Pablo, el gran doctor de las naciones, y de esta isla, como insinúa Clemente,
era un fabricante de tiendas, tal como leemos en el libro de los Hechos. Dios es el Padre de las luces, el autor de todo
bien y de todo don perfecto, y entre otros dones el de la masonería es un talento divino. Moisés dice de Betsael en Ex.
25 que Dios el Dios lo llenó de su Espíritu de sabiduría, de inteligencia, de conocimiento en toda clase de obras. Noé
construyó el arca siguiendo las instrucciones del maestro celestial. Moisés hizo todo el exterior del edificio
(guardando) la Ley según el modelo (mostrado) en la montaña. Y nosotros asentamos los mejores cimientos, lo más
profundamente, en la humildad, ofreciendo nuestra habilidad a Dios y a su gloria; así, el alma construye con la mirada
puesta en el cielo, sin (correr el riesgo) de la confusión de una segunda Babel.
¿Qué decir de los pilares de Seth, de la construcción de Babilonia por Nemrod, del templo, del trono, de la flota y de
los palacios de Salomón, del complejo de Tamar en el desierto, cuyas asombrosas ruinas todavía subsisten, del templo de
Diana en Éfeso, de las estatuas y las imágenes de Nabucodonosor y otros, de la reconstrucción del templo por Ciro y
Herodes, de las galerías y los patios del palacio de Assuerus, que (el libro) de Esther describe ornado de columnas de
mármol, y dotado de capas de oro y de láminas de alabastro incrustadas de esmeraldas? Todos estos ejemplos de esta
sublime ciencia, y otros que (igualmente) se encuentran en los escritos inspirados, son una (fuente) continua de
elogios para ella, y citarlos todos se convertiría en una fastidiosa repetición.
Permitidme más bien ilustrar y afinar el proyecto (de esta ciencia) profundizando en los ejemplos que ofrece la
Escritura. Señaladas sociedades, formadas según los principios de la sabiduría, de la virtud y de la bondad, que no
comunican enteramente su medio de unión, su misterio específico a nadie más que a sus miembros, son y han sido siempre
una práctica de todos los tiempos y naciones. Dice Dios: he amado a Jacob, y a Esaú le he odiado, es decir: He aceptado y
preferido a uno antes que a otro. De hecho, Dios hizo de la raza de Abraham una sociedad elegida, un pueblo particular
que debería ser la regla de la masonería. David comprendió que no había actuado así con ningún otro pueblo, y que los
paganos no tenían conocimiento de sus leyes. Estas últimas eran el secreto de la comunidad judía, y estaban asociadas en
el culto judío a símbolos y a signos sensibles. Además, nadie, excepto el sumo sacerdote una vez al año, podía penetrar
en el Santo de los santos; nadie más que él podía pronunciar el nombre de Dios, estatuir sobre los leprosos, probar las
aguas de los celos, responder por los Urîm y los Toumîm, y cumplir otras funciones propias. Éstos son secretos
(ignorados) por las naciones. ¿Hubo entre las naciones reyes que poseyeran estas leyes y esta inteligencia? Y la ley,
el culto, el arca, eran signos exteriores del modo de unirse.
La primera comunicación de Dios al hombre fue una regla particular, asociada al signo del árbol del conocimiento del bien
y del mal. Adán fue expulsado del jardín por haber roto su obligación; el arco iris fue para Noé y su posteridad un signo
del nuevo pacto de Dios. La Ley y el Evangelio son pactos que incluyen obligaciones. Los signos (dados) a Abraham eran
la circuncisión y la aparición de los mensajeros. Los patriarcas y sus familias formaban una sociedad separada del mundo
y agradable a Dios, que poseía los signos de su palabra y un sacrificio no comunicado a los paganos, aunque imitado por
ellos. La perfección de la Ley y la obra de santificación fueron hasta entonces en gran medida exactas.
Moisés fue instruido en toda la sabiduría de los egipcios, y en particular en el dominio de la masonería. Él, Jacob y los
demás tenían visiones y revelaciones, no acordadas al mundo, y sus prosélitos debían jurar su obligación antes de poder
ser aceptados. Buscaban una ciudad permanente no hecha por mano de hombre, aunque el velo sobre el rostro de Moisés
probaba que existían misterios que todavía no habían sido revelados. De esta tradición recibieron los paganos sus propia
doctrina, reservada sólo a los iniciados. El Credo era antiguamente una palabra, una prueba entre dos cristianos
destinada a permitir que se reconocieran en todo lugar. Se le llamó después un símbolo, un signo; otros signos eran las
ceremonias exteriores.
Desde la antigüedad hasta este día no se permite a los catecúmenos penetrar enseguida en todo lo que concierne al
cristianismo; hay todavía una doctrina oculta en las revelaciones, los profetas y otros libros, y la primera noción de
los escritos apocalípticos no estaba, como tampoco está, indiferentemente abierta a todos.
En sus instrucciones, san Pablo establece una distinción entre la leche y el alimento sólido, así como hace una
distinción entre los principios y la perfección. El ungido enseñaba mediante parábolas a un pequeño número (de
discípulos). La Iglesia del ungido es una sociedad de masonería espiritual, escogida en el mundo, que se comunica con
signos exteriores y que asiste a misterios. Ella tiene efectos discernibles con el ojo espiritual, no por el hombre
natural. Se le llama casa, construcción; el ungido es la piedra angular, y los apóstoles los cimientos. Subsiste gracias
a la edificación (de sus miembros), es el único edificio bien concebido, y éste es todo el trabajo de la vida cristiana
que expresa el término de masonería. El ungido tenía muchas cosas que decir a sus discípulos, pero en su tiempo no podían
entenderlas, y nosotros todavía miramos a través de un cristal opaco. Hay misterios en la Iglesia del ungido, el maestro
masón que negó a los fariseos el signo que otorgó a los apóstoles. Sus instrucciones son excelentes, tanto en el plano de
la moral como en el de la inteligencia de esta última. De muchos círculos trazados uno dentro de otro, el último es el
más cercano al centro. Igualmente, la grandeza y la vida pública no son pruebas de beatitud, y el último puede ser el
mayor en el reino de Dios. La firmeza del símbolo de la escuadra nos enseña que la verdadera sabiduría no debe ser
quebrantada; y el nivel (nos enseña) que el corazón sigue siempre sus inclinaciones sin alcanzar un enderezamiento, que
jamás es igual, y por ello no encontramos aquí abajo ni reposo completo ni satisfacción.
Una regla que intenta ser justa nos prohibe abandonar nuestra razón por nuestras pasiones, y (nos obliga) a conservar
la regulación (ejercida) por el juicio. El corte de las rocas con el cincel nos enseña que el arte y la industria
superarán las dificultades. Un ingenio hidráulico nos enseña que el pecado nos obliga a compensar nuestra labor con
nuestras lágrimas. Una rueda que no mueve a ninguna otra a menos de ser ella misma movida nos muestra que nuestro propio corazón debería estar preparado ante los sentimientos que queremos inspirar, y que deberíamos amar a Dios para poder ser
amados. Una pirámide nos muestra que deberíamos, aunque aparentemente fijados en el suelo, aspirar al cielo. Una columna nos muestra que los inferiores son el soporte de los superiores, un templo que estamos dedicados a la virtud y al honor.
Un compás que traza un círculo de un solo trazo muestra que una acción puede tener consecuencias sin fin, tanto en el
bien como en el mal. Y el hecho de que una columna invertida parezca más grande en su parte inferior nos enseña que el
Espíritu (también reside) en la adversidad y en la muerte, que las aflicciones deberían animarnos, y que la pérdida de
la vida (debería) recordarnos una gozosa resurrección.
Hay un principio vital emanado de Dios en esas piedras y esos minerales que son la materia primera de la masonería. Dios
es todo en todos. Pero así como los ojos de los apóstoles estaban constreñidos a no poder reconocer a nuestro Señor en su
cuerpo espiritual, sólo un pequeño número es capaz de discernir el fuego interior de la tierra cuando madura los frutos
de este elemento, así como los minerales utilizados en la construcción y en la vida cotidiana, y que exhala
constantemente un vapor que san Juan comparaba con la hoguera y el humo del infierno. Oremos para que la voluntad de Dios pueda realizarse sobre la tierra como en el cielo, que la energía y las potencias de la naturaleza puedan subsistir
gracias a su presencia, con respecto a la cual David declara que nada podría disimularla. La sal de la tierra nutre a las
piedras, como el maná alimentó a los israelitas en el desierto. De ahí viene que los adeptos nos enseñen que esta sal es
llamada con el nombre de Dios, 'eheyeh, Yo soy, que es el autor y la vida de esta sal, así como ésta lo es de otros seres.
San Juan, cuya Revelación es el programa de la masonería espiritual, conocía la piedra blanca, y vio al Hijo de Dios
ceñir alrededor de su pecho un cinturón de oro.
El número 3 aparece de manera señalada en el Libro de Dios para ilustrar la Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu
santo; (está) el cuerpo, el alma y el espíritu; el hebreo, el griego y el latín puestos encima de la cruz; Santo, santo,
santo, dicen los serafines; (está) el día en que (Jesús) trabaja, aquel en que descansa y aquel en que volverá a
trabajar; Job, Daniel y Noé, los tres profetas que se habrían salvado juntos; Eliphaz, Sophar y Bildad; Ananías, Azarías
y Misaël, Shem, Ham y Japhet. También los tres hijos de Adán más conocidos, que eran Abel, Caín y Seth; están además los
de Terah, de quienes hemos recibido las promesas, Haran, Nahor y Abram. En fin, tres ángeles aparecieron; tres joyas
(adornadas) de piedras preciosas se hallaban sobre el pecho de Aarón; tres letras componen la raíz de cada palabra
hebrea; tres veces al año los judíos debían acercarse a Jerusalén; tres días durante los cuales Jonás estuvo en la
ballena, y el ungido en la tumba. Hay tres Juanes: el Bautista, el Evangelista, y Marcos, sin contar con que hay otros
Marcos distintos a éste.
Por su parte, el número 7 era el del (día del) sabbat, cuando el Creador descansó de sus obras; 7 es el número del
jubileo, del año de gracia; los siete ojos de Dios son mencionados, así como los siete brazos del candelabro del templo;
está el libro de los siete sellos, y siete ángeles, los siete meses (de la construcción) del tabernáculo. El templo fue
construido en siete años. La sabiduría séptuple y la providencia de Dios se muestran en sus acciones. La Pascua se
celebra siete veces siete días antes (del don de) la Ley. Éste es un ejemplo de la presencia de los números más
perfectos en la Biblia.
Jeremías recibió la orden de construir y de demoler. Fue para disuadir la impiedad, (el signo) del riesgo de que se
construya para ver a otro habitar, o de que el Señor abandone el edificio a la desolación. Las piedras del muro gritaron
contra la opresión y la injusticia. Es un estímulo al deber, y (el signo) de que la palabra de Dios es capaz de
construirnos en derechura, y también (el signo) de que probará la obra de cada hombre mediante el fuego, para demostrar
que no se puede poner cimiento distinto de aquel del cual él mismo es el fundamento, el ungido salvador. Es un aliento a
la caridad, a que seamos edificados juntos para (convertirnos) en una morada de Dios en el Espíritu, y a que
mantengamos firme la profesión de nuestra fe hasta que la piedra rechazada por los constructores se haya convertido en
cabeza de ángulo. Es un estimulante para la obediencia (saber) que aquel que ha construido todas las cosas es Dios.
La palabra masón, que es una de las últimas palabras exotéricas (el nombre trascendente, el nombre sagrado, es menos
conocido y no puede ser verdaderamente pronunciado más que por los iluminados) viene del francés maison, que significa
casa. Somos la morada del ungido, dice el apóstol en Heb. 3, 6. El Señor construyó Jerusalén, dice David en el salmo 147,
2. Ha trazado un camino hacia ella. El ungido es el camino en Jn. 14, 6. Abre la puerta que introduce; el ungido es la
puerta en Mt. 7, 13; y nos regala en su morada con su cuerpo y su sangre los frutos de la rectitud. No os enorgullezcáis,
dice el ungido, de tener a Abram por Padre, pues Dios es capaz de hacer brotar hijos de Abram de estas piedras. El ungido
es llamado por el apóstol el peñasco espiritual, y la conversión de nuestros corazones de piedra en corazones de carne es
(el efecto) de su redención, que nos aporta para nuestro arrepentimiento. (Dice en) Jn. 14, 2: En la casa de mi Padre
hay muchas moradas. Morada viene de maneo, morar, que sugiere un objetivo a alcanzar cuando se es miembro de la logia
celestial. Muchas iglesias y condiciones particulares son etapas en el camino que conduce a la casa que ningún terremoto
puede destruir y que ninguna tempestad puede sumergir. Lo que era de su Padre también era suyo. Todo lo que posee el
Padre me pertenece, dice el ungido; y es como si nuestros bienes también fueran suyos. En la esperanza de ello, los
elegidos, aquellos que son aceptados, siempre se han lamentado: ¡Desgracia a mí, por residir en Mechek y habitar entre
las tiendas de Kedar!
Por su parte, una temible representación de la logia celestial (Gen. 28, 16) arrancó a Jacob esta exclamación: Esto no
es sino una casa de Dios, y es la puerta del cielo. ¡Álzate! dijo Dios, he puesto ante ti una puerta abierta que nadie
puede cerrar (Ap. 3, 8). La Iglesia es la Casa de Dios, y está en todas partes. Job la encontró en la tierra, Ezequías
en su lecho de muerte, Jeremías en su celda, Jonás en el mar, Daniel en la fosa, los tres niños en la hoguera ardiente,
Pedro y Pablo en la prisión, el ladrón en la cruz. El cuerpo, llamado templo del Espíritu Santo, debe ser reconstruido en
la resurrección en vistas a la adoración durante el reposo eterno. La Iglesia, la Casa de Dios, era antaño llamada, dice
el Doctor Donne, el famoso deán de Saint-Paul, oratorio (porque se) pedían a la providencia divina las cosas necesarias.
Pues vanos son nuestros esfuerzos sin su asistencia. A menos que el Señor construya la Casa, los obreros trabajarán en
vano, dice David.
Y Mt. 21, 44: Aquel que caiga sobre esta piedra fracasará, y aquel sobre el cual caiga, ella le triturará. Aquel que
ofenda al ungido, la piedra sobre la que se apoyó Jacob, será confundido. Y si en el juicio ella cae sobre el delincuente,
su peso le aplastará más fuertemente a como la piedra de David (aplastó) la frente de Goliath, y le destruirá incluso
más que la tumba.
Así como los lugares santos del templo de Diana fueron preservados, así nosotros somos un modelo de lo divino. Aunque los
cielos de los cielos no puedan contenerle, se aloja en un corazón contrito. David rezó para tener un frenillo sobre el
umbral de sus labios. El hombre interior es el lugar santo, el coro, y las bellas cualidades son sus tesoros y sus
ornamentos. El santo de los santos es la conciencia arrepentida, en la que la fe y la caridad son dos querubines que
recubren la misericordia de las sillas. Aquí está el oráculo divino, el Dios de quien dan testimonio nuestros espíritus
que son sus hijos. Sólo el gran sacerdote, el salvador, puede entrar aquí y contentarnos.
Aquí se encuentra el arca de la Ley, el maná del perdón y de la consolación, el candelabro dorado del entendimiento
iluminado, los panes de la rememoración, el velo de la rectitud, con el que el salvador oculta nuestros defectos; las
columnas, los utensilios, las decoraciones, son la verdad y la justicia, ornamentos de un espíritu bien dispuesto, que
son de gran valor ante los ojos de Dios.
Las elevaciones de este género a partir de la Escritura son infinitas. No hay un aspecto de la masonería, desde el porche
hasta las murallas, del umbral y del dintel asperjado contra el mal mensajero, hasta la cámara elevada donde los
apóstoles se reúnen; no hay un instrumento, desde el hacha que Eliseo ordenó recuperar hasta la plomada del profeta, ni
una figura, desde la línea hasta el círculo de los cielos, que no estén santificados por una mención expresada en la
lengua de Canaan. Y la referencia a la totalidad de este sistema, en cualquier sociedad, está autorizada por los muchos
paralelos (que se encuentran) en la tribuna sagrada de la Escritura.
Pero en el momento de la consumación de todas las cosas, la ciudad de nuestro Dios tiene doce puertas para que los
elegidos penetren por el este, por el oeste, por el norte y por el sur, a fin de residir en el reino de Dios. La puerta
estrecha es el pasaje a lo que se llama belleza, por el cual entraremos en el corazón (al son de) la alabanza.
Es así que David prefería ser guardián del umbral antes que habitar en las tiendas de la perversidad. La condición para
poder pasar esta puerta es creer en el salvador; los dos (senderos ascendentes) laterales son la paciencia y la
inocencia; el techo es la caridad. Permaneced firmes en la fe, dice san Pablo. De aquí viene que la Iglesia tienda a que
la fe sea llamada pilar y fundamento de la verdad. La entrada de este jardín está guardada por la espada flamígera de la
justicia divina. El muro (del recinto) no puede ser medido más que por la caña del ángel. Es un secreto para la razón
humana. Por siempre está en la cumbre de las colinas eternas. Aquellos que las frecuentan son justos y perfectos.
Ser, en virtud de la obligación cristiana, miembros libres de esta ciudad consiste, como Agustín decía de Roma, en
exaltar la arcilla como si fuera mármol, y en revestirnos de nuestra Casa de lo alto, que en los cielos es eterna.

DIÁLOGO ENTRE SIMÓN Y FELIPE (1740)

Dialogue between Simon and Philip, publicado en Harry Carr, The Early masonic catechisms, 1963, reed. por la Kessinger
Publishing Company, Kila MT, s. d., p. 176-178. Trad. francesa en Patrick Négrier, La Franc-Maçonnerie d'apres ses textes
classiques. Anthologie 1599-1967, París, Dietrad, 1996.
Diálogo entre Simón, masón de ciudad, y Felipe, un masón que está de paso.

Simón: Señor, acabo de recibir una carta que contiene este trozo de papel. Os ruego que me digáis qué es lo que queréis.
Felipe: Estoy de paso, busco una cierta asociación y, habiendo oído decir que sois un hermano masón, me he permitido
contactar con vos.
Simón: ¿Sois masón?
Felipe: Sí (como tal soy tenido por todos los compañeros y hermanos).
Simón: ¿Y cómo sabré que sois masón?
Felipe: La palabra es justa.
Simón: Si es justa, dádmela justa.
Felipe: La deletrearé con vos, si os place.
Simón: Dadme la primera letra y yo os daré la segunda.
Felipe: B.
Simón: O.
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Felipe: A.
Simón: Z.
Felipe: La palabra es Boaz, pero dado que no os conozco, y que vos tampoco me conocéis, y que, por razones de prudencia,
no debemos responder a más de tres preguntas, pues podrían sernos planteadas por un impostor, os pregunto: ¿cuáles son
vuestros signos?
Simón: Nuestros signos son todos escuadras, ángulos y perpendiculares.
Felipe: ¿Y cuáles son vuestros toques?
Simón: Todos son agarres fraternales hechos con la mano y gracias a los cuales los hermanos se reconocen entre sí.
Felipe: ¿Cuáles son los puntos de vuestra recepción?
Simón: Oír y callar los secretos de un masón.
Felipe: ¿Cómo habéis sido recibido masón?
Simón: Por tres golpes dados a la puerta, el último después de un tiempo doble al primer intervalo, y con más fuerza.
Felipe: ¿Cuál es la primera pregunta que el maestro os hizo cuando fuisteis recibido?
Simón: Me preguntó si era por mi propia y libre voluntad que yo venía allí para ser hecho masón. Respondí que sí.
Felipe: ¿Qué habéis visto antes de ser hecho masón?
Simón: Nada que pueda comprender.
Felipe: ¿Qué habéis visto después?
Simón: Tres grandes luces.
Felipe: ¿Cómo las llamáis?
Simón: El sol, la luna y el maestro.
Felipe: ¿Dónde estaba vuestro maestro?
Simón: Al este.
Felipe: ¿Por qué al este?
Simón: Para esperar el amanecer, a fin de enviar a los hombres al trabajo.
Felipe: ¿Dónde estaban los vigilantes?
Simón: Al oeste.
Felipe: ¿Por qué al oeste?
Simón: Para esperar que el sol se oculte, a fin de que los hombres abandonen el trabajo.
Felipe: ¿Dónde estaban los compañeros de oficio?
Simón: Al sur.
Felipe: ¿Por qué al sur?
Simón: Para recibir e instruir a todos los nuevos hermanos.
Felipe: ¿Dónde estaban los aprendices recibidos?
Simón: Al norte, para oír y callar, y esperar al maestro.
Felipe: Decís que visteis tres grandes luces; ¿no habéis visto otra luz?
Simón: Sí, una, que superaba en mucho al sol y a la luna.
Felipe: ¿Qué era?
Simón: La luz del evangelio.
Felipe: ¿Por qué habéis sido hecho masón?
Simón: Por el amor de la letra G.
Felipe: ¿Qué significa?
Simón: Geometría.
Felipe: ¿Por qué Geometría?
Simón: Porque ella es la raíz y el fundamento de todas las artes y ciencias.
Felipe: Decidme, os lo ruego, cuánto dinero teníais en vuestra bolsa cuando habéis sido hecho masón.
Simón: Absolutamente ninguno.
Felipe: ¿Y cómo habéis sido hecho masón?
Simón: Ni desnudo ni vestido, ni de pie ni acostado, ni de rodillas ni alzado, ni descalzo ni calzado, sino en un estado
correcto.
Felipe: Y ese estado, ¿cuál era?
Simón: Tenía una rodilla descubierta en tierra, con los brazos de un compás en forma de escuadra sobre mi pecho. Es
entonces, y en esta postura, que presté el solemne y sagrado juramento de masón.
Felipe: Repetid vuestro juramento.
Simón: Prometo solemnemente, y declaro ante Dios y ante esta respetable asamblea, que callaré y no revelaré jamás lo que
he oído, a saber, los secretos o el secreto de los masones o de la masonería que me han sido, me son aquí o me serán
desvelados, sea a un hombre, a una mujer o a un niño; no los imprimiré, ni los picaré, ni los grabaré, sea sobre un
soporte móvil o inmóvil, o de cualquier otra manera que pudiera permitir descubrir los secretos de un masón o de la
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masonería. Ello bajo pena de que se me arranque el corazón del pecho, de que se me arranque la lengua del paladar, se me
corte la garganta, se haga trizas mi cuerpo con caballos salvajes, y sea enterrado en las arenas de la playa, allí donde
la marea sube cada 24 horas; o también bajo pena de que se ate mi cuerpo, se reduzca a cenizas y sean dispersadas a los
cuatro vientos, de manera que no subsista el menor recuerdo de mí. Que Dios venga en mi ayuda.
Luego el primer vigilante me puso un mandil blanco diciéndome estas palabras: Yo os pongo la marca distintiva de los
masones, que es más antigua y más honorable que la Orden de los Caballeros de la Jarretera.
Felipe: Estoy contento de constatar que sois masón, después de lo que me habéis repetido de vuestro juramento. Si queréis,
podéis preguntarme lo que penséis oportuno.
Simón: Quisiera preguntaros dónde está vuestra logia.
Felipe: En el valle de Josaphat, fuera del alcance del chismorreo de las gallinas, del canto del gallo y del ladrido de
un perro.
Simón: ¿Cuál es la altura de vuestra logia?
Felipe: Es tan alta como el cielo, y tan profunda como la tierra.
Simón: ¿Cuántos pilares hay en vuestra logia?
Felipe: Tres.
Simón: ¿Cómo los llamáis?
Felipe: Belleza, Fuerza y Sabiduría.
Simón: ¿Qué representan?
Felipe: La belleza adorna, la fuerza sostiene, y la sabiduría inventa.
Simón: ¿De qué logia sois?
Felipe: De la muy respetable logia de san Juan.
Simón: ¿Cuántos signos posee un masón?
Felipe: Cinco.
Simón: ¿Cómo los llamáis?
Felipe: El signo pedestre, el signo manual, el signo pectoral, el signo gutural y el signo oral.

EL MANUSCRITO ESSEX (1750)

Según la traducción francesa de Patrick Négrier aparecida en La Franc-Maçonnerie d'après ses textes classiques.
Anthologie 1599-1967, Detrad, 1996 (impreso en Atenas). El texto fue publicado por primera vez en Harry Carr, The Early
Masonic catechism, Kila (MT), Kessinger Publishing Company, 1963, p. 183.

Pregunta: ¿Qué es una logia perfecta?
Respuesta: El interior de un corazón sincero.
P.: ¿Y cuántos masones fueron llamados así?
R.: (Masones) en número impar, de 3 a 13.
P.: ¿Cuál fue vuestro primer paso cuando fuisteis admitido?
R.: Un fuerte deseo de conocer el secreto.
P.: ¿Cómo habéis sido introducido en logia?
R.: En un estado de ignorancia y de desconocimiento.
P.: ¿Qué habéis visto?
R.: He visto la verdad, el mundo y la justicia.
P.: ¿Qué dejasteis detrás de vos?
R.: El perjurio y la exclamación de nuestra fraternidad.
P.: ¿Cuál era la orientación de vuestra logia cuando entrasteis?
R.: Sur, este y oeste.
P.: ¿Por qué esta orientación?
R.: Es porque las iglesias están orientadas de este a oeste, y los predicadores se hallan en el sur.
P.: ¿Por qué las iglesias están orientadas de este a oeste?
R.: A causa de que el viento secó el mar ante los hijos de Israel.
P.: ¿En qué postura habéis prestado vuestro juramento?
R.: No estaba ni de pie, ni sentado, ni acostado, ni de rodillas, ni vestido, ni desnudo, ni calzado, ni descalzo, sino
como sólo un hermano sabe que yo estaba.
P.: ¿Qué habéis jurado hacer?
R.: Oír y callar.
P.: ¿Cuál era el objeto de vuestro juramento?
R.: Obedecer a Dios en todas las verdaderas escuadras que un hermano pudiera enviarme; jamás alargar la mano para robar o para cometer un adulterio con la esposa de un hermano; y no planear ninguna venganza injusta con respecto a este último;
sino (por el contrario) amarle y socorrerle en la medida en que ello no me perjudique.