PARA PODER LLEGAR A ENTENDER MUCHAS DE LAS COSAS QUE AHY AQUI, HAY QUE MIRARLAS CON LOS OJOS DEL "CORAZON".

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jueves, junio 16, 2011

El Comercio Gana: El Relato del Ranat --- Mos Eisley


El Comercio Gana: El Relato del Ranat


Esquivando un par de soldados de asalto potencialmente entrometidos, Reegesk agarró firmemente sus tesoros y entró a toda prisa con la eficiencia de un roedor en el estrecho callejón al lado de su establecimiento favorito de bebidas en Mos Eisley. Ah, sí, su favorito. No porque sus bebidas o artistas fueran de calidad superior, sino porque siempre podía encontrar allí a alguien que quisiera —o necesitase— hacer un negocio. Y en la pequeña tribu ranat que rascaba un lugar más grande para sí misma cada día en este mundo árido de avanzada, ese era, después de todo, su trabajo: Reegesk el Comerciante, Reegesk el Cambista, Reegesk el Especialista Adquisidor Por Excelencia.
Moviendo los bigotes nerviosamente con satisfacción, se sentó contra una pared bañada por el sol, enroscó su dura cola de látigo holgadamente a su alrededor, y abrió su fardo para examinar los premios del día. Una brisa ardiente llevó los olores nada desagradables de basura podrida y de excrementos de animales hasta Reegesk desde lo más alejado del callejón. Había empezado la mañana con poco más que un puñado de rocas pulidas y unas cuantas golosinas de información y había hecho una serie de negocios exitosos para reunir los objetos mucho más valiosos que ahora esparcía por el polvo delante de él. Una pequeña antena, alguna tela buena con muy pocos agujeros en ella, un manojo de cables para el pequeño vaporizador que su tribu estaba construyendo en secreto. Esos se los guardaría.
Pero todavía tenía que hacer más negociaciones. Aún necesitaba muchas cosas: una fuente de energía para completar la unidad vaporizadora de contrabando que podía hacer a su tribu menos dependiente de los granjeros locales de humedad, un trozo o dos de cuerda, restos de metal para hacer herramientas o armas.
Desde su punto de vista, siempre se las arreglaba para comerciar con ventaja. Afortunadamente, todavía le quedaban algunos objetos para comerciar de su negocio más reciente: un casco agrietado de soldado de asalto, un paquete de raciones de campo, y un talismán de batalla tusken tallado en cuerno de bantha. Todo esto por sólo alguna vieja información y un tornillo de contención. Supuso que el calor y el polvo podían embotarle el juicio a cualquiera. Tal vez el oficial Imperial —un tal Teniente Alima, que definitivamente no era un local— debería haber puesto más atención al trato. Bien, el oficial tenía lo que quería. Reegesk se encogió de hombros.
Por supuesto, la vieja advertencia de los compradores era válida: Pon siempre mucha atención durante el comercio. Los comerciantes menos escrupulosos engañaban a los clientes o intentaban convencerlos de realizar compras inútiles, pero no Reegesk. Esto, a pesar del estatus de seres "semisensitivos" que el Imperio le había confereido a la raza Ranat, le había dado una reputación en las calles de Mos Eisley de ser astuto pero honrado. De hecho, aparte de los molestos soldados de asalto locales, había pocos clientes potenciales en el puerto que rechazasen un negocio con Reegesk si él tenía lo que ellos "necesitaban".
El peludo hocico de Reegesk se arqueó en una sonrisa seca que mostraba sus incisivos. Bueno, sabía lo que necesitaba él, y sabía donde llevar a cabo su siguiente comercio.


El interior de la cantina estaba relativamente frío, y la oscuridad era un alivio para la intensidad roba-humedad de los soles gemelos de Tatooine. El aire olía a almizcle de pelaje mojado y a escamas cocidas, a humo de nic-o-tin, a trajes espaciales que no habían sido descontaminados en meses, a bebidas intoxicantes de docenas de mundos diferentes.
Reegesk entró en el bar, pidió un vaso de brebaje Rydan a Wuher el cantinero, y escudriñó la sala buscando posibles clientes. ¿Un devaroniano? No, Reegesk no tenía nada que le interesara. ¿Uno de los músicos Bith que acababa de tomarse un descanso? Tal vez. Ah. La mirada de Reeges se posó en la figura familiar de un jawa.
Perfecto.
Reegesk se puso la capucha de su túnica holgadamente sobre la cabeza mientras avanzaba hacia la pequeña mesa del jawa. Los jawas eran tipos reservados que creían en estar totalmente tapados, incluso en el interior, y por la experiencia de Reegesk, encontrar un territorio común con el cliente siempre ayudaba en el comercio. Se quedó aliviado al comprobar por el olor mientras se aproximaba a la mesa que conocía al jawa, Het Nkik, y que había comerciado antes con él.
Cuando Reegesk vio al lider de la banda, Figrin Da'n, señalar el final del descanso de los músicos, se apresuró a atraer la atención de Het Nkik antes de que pudiese empezar la siguiente canción.
Reegesk saluda a Het Nkik y ofrece un intercambio de historias o mercancías —dijo, dando su saludo comercial más formal al jawa, que parecía preocupado y todavía no había reparado en la presencia de Reegesk.
Het Nkik no reaccionó inmediatamente, pero cuando alzó la mirada, Reegesk creyó ver una mirada de alivio, como si el jawa estuviese contento al ser distraído de sus pensamientos.
La oportunidad de un intercambio es siempre bienvenida, el momento de la oportunidad es siempre ahora —replicó Het Nkik con la misma formalidad, pero el tono de su voz era más alto de lo normal y sus ojos escudriñaron furtivamente la sala.
Que ambos comerciantes reciban el mejor trato —Reegesk finalizó el saludo ritual con ironía, sabiendo perfectamente bien que los jawas raramente se preocupaban de si sus clientes estaban satisfechos. Bueno, ese no era su modo. Astuto como era, Reegesk comerciaba sólo con clientes que necesitaban (o creían necesitar) lo que él tenía, y hacía trueques sólo con objetos que la tribu no necesitaba.
La nariz de Reegesk se arrugó brevemente mientras intentaba identificar los olores que rodeaban a Het Nkik. Sintiendo lo que sólo podía interpretar como impaciencia o anticipación, Reegesk decidió no retrasarlo más y se sumergió directamente en el proceso del comercio. Empezó con encendidas descripciones de los tratos que había realizado esa mañana. Extrañamente, Het Nkik no estuvo muy entusiasta mientras hablaba de sus propios negocios y le mostraba a Reegesk un bláster Blastech DL-44 cargado en excelentes condiciones. Reegesk no necesitó fingir admiración o celos por el negocio, ya que todavía era ilegal armar a un ranat en los Territorios del Borde Exterior, era difícil para Reegesk negociar por nada que pudiera ser usado como un arma. Y el DL-44 era un arma particularmente buena.
Pareciendo tomar nota de la aprobación de Reegesk por su negocio, Het Nkik permitió que el negocio pasase a un intercambio alternante de información cada vez más valiosa. Los dos comerciantes estaban tan absortos en su intercambio que Reegesk no advirtió al caza recompensas rodiano hasta que éste chocó contra su mesa. Un odioso recién llegado llamado Greedo. Reegesk alcanzó su bebida y la cogió mientras se balanceaba precariamente en el borde del la mesa. Sintió sus fosas nasales contraerse con disgusto, cuando captaron su desagradable olor.
Greedo se giró, aparentemente preparado para disculparse por su tropiezo, pero se detuvo cuando advirtió quienes eran los ocupantes de la mesa. El tinte verdoso de su piel se hizo más oscuro y los labios de su hocico formaron una sonrisa de desprecio mientras miraba a Reegesk.
¡Womp! —espetó, dandole a la mesa otro brusco empujón mientras asestaba el epíteto, y después se marchó en la dirección general hacia la barra.
Reegesk se encrespó, lanzando venenosos pensamientos detrás del caza recompensas de piel verde y amargo olor. ¡El ultraje de eso! El insulto. Después de todo, ¡los ranat no estaban relacionados de ninguna manera con las no sensitivas ratas womp de Tatooine! Greedo era una persona a la que no le importaría ver timado en un negocio.
Cuando se calmó de nuevo, el comercio pasó a la siguiente fase y Reegesk empezó discretamente a mostrar los objetos que estaba deseando negociar. Het Nkik mostró un humilde interés por el casco de soldado de asalto, pero cuando Reegesk sacó el cuerno de bantha tallado con la forma de una amuleto tusken de batalla, la excitación de Het Nkik fue inconfundible. Reegesk, buscando rápidamente en su memoria algo que supiese sobre tales objetos, se las arregló para recordad algo de interes. Los moradores de las arenas, explicó, creían que un talismán de batalla les daría la fuerza física de un bantha en el combate y el coraje para afrontar la muerte, si lo necesitaban. Het Nkik le pidió sostener el talismán, girandolo una y otra vez en sus manos, articulando exclamaciones en un dialecto que Reegesk no reconoció.
Reegesk ocultó una sonrisa de triunfo. Esto casi había sido demasiado fácil.
Era inusual en un jawa mostrar tanto entusiasmo por un objeto que estaba siendo negociado, ya que podía sesgar el comercio al indicar que el objeto tenía valor para él. Reegesk se acercó para empezar la negociación.
El talismán es de hecho de gran valor. El intercambio debería estar a la altura de su valía.
La expresión reverente de Het Nkik cambió a una de desazón
Hoy llevo poco conmigo que sea adecuado para este intercambio.
El corazón de Reegesk empezó a latir rápidamente mientras olía como sus opciones aumentaban. El jawa definitivamente quería hacer un negocio. Reegesk bajó sus ojos furtivamente para indicar el bláster que Het Nkik mantenía en su regazo, oculto por la mesa
El momento de la oportunidad es siempre ahora.
Las manos del jawa se cerraron compulsivamente sobre el arma, y por un momento pareció confundido.
No puedo pagar un precio tan alto —respondió cuidadosamente—, ...hoy. Sus ojos no se encontraron con los de Reegesk. Negoció durante un poco más antes de llegar a un acuerdo finalmente en una cantidad mucho más alta de lo que Reegesk había esperado conseguir.
Sabes que soy un comerciante experimentado —dijo Het Nkik—. Aquí tengo unos cuantos créditos para mostrar mi buena fe. Si me das hasta mañana, pagaré tu precio.
¡Éxito! ¿Pero podía confiar en el jawa? Reegesk se ordenó a sí mismo usar la cautela.
Entonces te entregaré el talismán mañana por la mañana —dijo con voz calmada. No quería mostrar su propia impaciencia, y esperaba que el jawa no pudiese olerla.
Pero el jawa se mantuvo firme.
No. Debo tener hoy el talismán de batalla —la voz de Het Nkik se alteró mientras hablaba—. Pagaré el resto por la mañana, pero no puedo esperar hasta mañana. —Se detuvo, como si buscase una manera de convencer a Reegesk de sus serias intenciones. Al final dijo: —Si esperas hasta mañana, te dejaré usar este bláster.
Reegesk pudo sentir cómo sus ojos se iluminaban con intensidad con el solo pensamiento de tener tan buen arma.
Los ojos de Het Nkik ardieron en los de Reegesk mientras asentía hacia el arma que sostenía bajo la mesa.
Sí, te dejaré sujetarlo y usarlo. No tengo miedo de armar a un ranat. Deja que me vaya con el talismán hoy, y tendrás lo que necesitas por la mañana.
Incapaz de apartarse del fervor de la brillante mirada del jawa, Reegesk alzó una zarpa para tocar el arma. ¿Se atrevería arriesgarse por el honor de este jawa? Pon siempre mucha atención durante un comercio, se recordó a sí mismo. Finalmente, tomó una decisión.
En ese momento, una conmoción estalló al otro lado de la cantina. Luz y chispas llenaron el aire, así como el acre olor de la carne chamuscada. Cuando el aire se aclaró finalmente, Reegesk pudo distinguir la forma de Greedo el caza recompensas tendido sobre una mesa anteriormente desierta.
¿Muerto? Sí, definitivamente muerto. Ese era, de hecho, un día de suerte para Reegesk. Sintió una oleada de excitación y sus bigotes se estremecieron con júbilo.
Sí, acepto el comercio —le dijo al jawa, que todavía estaba mirando la escena al otro lado de la sala—. Guarda el talismán por ahora. Entrégame el precio que hemos acordado por la mañana.
Het Nkik puso repentinamente de nuevo su atención en Reegesk. Sin una palabra, apartó el bláster de la zarpa de Reegesk y se marchó.
Ambos comerciantes recibieron el mejor trato este día —llamó Reegesk tras Het Nkik, pero el jawa no pareció escucharle.
Reegesk sonrió mientras observaba caminar a Het Nkik con esa confianza hacia la entrada de la cantina. Estaba contento de haber conseguido tan buen acuerdo. El jawa lanzó miradas desafiantes por la sala mientras salía con el DL-44 oculto bajo su túnica, con una mano toqueteando el precioso talismán de batalla.
Reegesk vació el brebaje restante de su vaso y se levantó para marcharse, inhalando profundamente. El olor del caza recompensas rodiano chamuscado todavía pendía en el aire. Muy satisfactorio, pensó conteniendo un suspiro.
Momentos después, salía de la cantina a las áridas calles de Mos Eisley. Reegesk palmeó el bolsillo dentro de su túnica que guardaba la célula de energía que había cogido del bláster de Het Nkik. Ambos habían tenido el comercio que querían hoy. Él había puesto mucha antención.
Y ahora Reegesk tenía la fuente de energía perfecta para en nuevo vaporizador de la tribu ranat.